
Detuvieron a José Neri por asesinar a su pareja militar y abandonarla en un hotel
El presunto homicida de un joven soldado fue capturado meses después del crimen, sin que el Ejército ni el gobierno
José Neri “N” fue detenido por su presunta responsabilidad en el homicidio de María del Carmen “N”, una joven militar de 26 años. Ambos ingresaron al hotel Calens, en Cuautitlán, la noche del 1 de agosto de 2023; ella fue hallada sin vida horas después.
De acuerdo con las investigaciones, el sujeto abandonó el lugar durante la madrugada sin alertar a nadie. Fue el personal del hotel quien encontró el cuerpo y dio aviso a las autoridades;la víctima ya no contaba con signos vitales.
Tras varios meses de investigación, la Fiscalía del Estado de México lo identificó como responsable. Con una orden de aprehensión, fue detenido e ingresado al penal de Cuautitlán, donde un juez definirá su situación legal.
La Fiscalía del Estado de México informó que ambos llegaron juntos al hotel la noche del 31 de julio.

El uniforme no fue garantía de protección ni justicia
Los primeros reportes forenses señalaron que la causa de muerte fue asfixia por estrangulamiento.
La víctima no recibió auxilio alguno. Su pareja la dejó abandonada y no dio aviso a nadie.
La omisión de autoridades contrasta con los discursos sobre protección a las mujeres; ni el gobierno estatal ni la Sedena respaldaron a la familia.

Captura tardía y proceso judicial en curso
El caso volvió a exhibir el desfase entre el discurso oficial y la realidad.
Mientras se presume una política de género, la justicia sigue siendo parcial.
Las autoridades insisten en hablar de igualdad, pero los hechos contradicen cada palabra.
Los crímenes se acumulan sin castigo, sin voluntad institucional ni seguimiento.
Un crimen incómodo para la narrativa oficial
María del Carmen no fue víctima de un desconocido ni de una red criminal, sino de su pareja. El crimen ocurrió en un espacio privado, sin testigos, sin intervención oportuna.
Este hecho desmonta la narrativa simplista de la violencia estructural. No hubo contexto de marginación ni crimen organizado, solo una relación cercana y el silencio institucional.
La familia exige justicia sin concesiones.
Pero en un Estado donde los homicidios de mujeres son estadística, no causa, los discursos feministas sirven más para legitimidad política que para protección real.
El discurso de protección pierde sentido cuando los hechos lo contradicen.
No basta con hablar de perspectiva de género si los resultados siguen iguales.
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