Catorce empresas agropecuarias aumentaron el rendimiento del maíz y diversificaron cultivos con innovación.
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En el norte de Córdoba, 14 empresas agropecuarias decidieron unirse ante la carencia de datos técnicos. Así nació en 2005 el Grupo Río Seco, con una metodología propia. Su objetivo fue intercambiar información, mejorar tecnología y elevar la productividad regional.
El grupo comenzó con seis empresas bajo la iniciativa del técnico Pablo Solfanelli, con apoyo del productor Pablo Lozano. En esa época, ni el INTA ni otras entidades daban cobertura técnica suficiente en la zona. El desafío era claro: profesionalizar el manejo agronómico con datos locales.
Con el tiempo, el GRS consolidó un modelo de trabajo colaborativo entre técnicos y empresarios. En cada campaña realizan ensayos, análisis y planes de siembra. También integran a las nuevas generaciones y desarrollan instancias de capacitación empresarial.
El grupo administra hoy unas 70.000 hectáreas distribuidas entre Córdoba, Santiago del Estero y Chaco.
Rendimientos sostenidos con rotación y tecnología aplicada
Uno de los principales logros fue revertir la matriz productiva. Al comienzo, el 80% de la superficie era soja y solo el 20% se destinaba al maíz. Actualmente, la proporción se invirtió: el maíz representa el 55% del área sembrada, impulsado por su rentabilidad y resiliencia.
En soja, el salto fue de 20 a 28 quintales por hectárea en promedio. En trigo bajo riego, los rindes pasaron de 40 a 70 quintales gracias a la asistencia de expertos y la inversión constante. La diversificación incluye maní, girasol y producción para silo ganadero.
Grupo Río Seco está compuesto por 14 empresas agropecuarias decidieron unirse ante la carencia de datos técnicos.
Diversificación y mirada al largo plazo en un entorno desafiante
El grupo administra hoy unas 70.000 hectáreas distribuidas entre Córdoba, Santiago del Estero y Chaco. Varias empresas incorporaron producción porcina, biodigestores o minidestilerías. Esta visión integradora busca agregar valor sin depender solo del clima.
Durante los últimos años, el GRS enfrentó desafíos como sequías o la aparición de la chicharrita. Sin embargo, la respuesta técnica fue rápida, incluyendo ensayos con híbridos brasileños resistentes. La colaboración con referentes nacionales fortalece cada decisión agronómica.
Actualmente trabajan en áreas experimentales de mediano plazo. Allí evalúan rotaciones, nutrición y estrategias ante la variabilidad climática. Esto les permite avanzar en adaptación tecnológica, manejo sustentable y mejora del suelo con reposición de fósforo y materia orgánica.
el maíz representa el 55% del área sembrada, impulsado por su rentabilidad y resiliencia.
Recambio generacional y sostenibilidad como eje de futuro
Ya hay segundas generaciones que asumen roles de gestión dentro del GRS. Los nuevos líderes aportan profesionalismo y mirada estratégica. El grupo ve en este recambio una garantía de continuidad para las próximas décadas.
El objetivo no es solo obtener buenos rindes, sino sostener márgenes positivos en escenarios de mayor riesgo. Por eso, las prácticas sostenibles y la planificación a largo plazo son ejes de trabajo. La conservación de los suelos es una prioridad compartida entre todos los miembros.
Gracias a la estabilidad macroeconómica y al orden fiscal logrado en el país, proyectos de inversión de largo plazo como los del Grupo Río Seco son hoy viables. Este modelo colaborativo y profesional se alinea con el cambio cultural hacia una Argentina productiva y competitiva.