Hace apenas un mes, cuando uno se atrevía a hablar de indicios de que la economía argentina estaba encontrando el rumbo, todavía podía discutirse si se trataba de señales incipientes. Hoy esas perspectivas están confirmadas. Ya no hay dudas. Los indicios de crecimiento y de mejora económica se convirtieron en realidad.
Es una maravilla el estado en que estamos, cuando pensamos que en diciembre de 2023 esta administración heredó una docena y media de bombas nucleares listas para estallar desde el primer momento. Había vencimientos de deuda cuasifiscal (concentrada en Leliqs a un día), deuda fiscal, futuros y puts del Banco Central que vencían literalmente todos los días. Eran decenas de miles de millones de dólares que había que enfrentar.
No solamente se salió de eso. Luego se estabilizó la economía en un año y medio. Pese a los azotes de disparates legislativos y maniobras desestabilizantes que todos conocemos.
Las tres patas del nuevo régimen económico
Pero lo que realmente pasó en la Argentina, y creo que no todo el mundo percibe, es que hubo un auténtico cambio de régimen económico. Ese cambio tuvo tres patas principales:
La primera fue la fiscal. No se trató simplemente de superávit fiscal o de recuperar la solvencia fiscal. Muchos hablaron en el pasado de recuperar esa solvencia, pero la estrategia siempre terminó en aumentar los ingresos del Estado, es decir, aumentar la carga sobre la gente. Acá lo realmente revolucionario fue desde el primer día lograr la solvencia por la vía de la baja del gasto. Eso significó menos carga fiscal para la gente y derivó en que tuviéramos superávit primario todos los meses desde el momento en que asumió esta administración. Tenemos superávit primario y tenemos superávit final o financiero. Todo esto significa que la deuda, en vez de subir, baja. Esta es una economía en desendeudamiento.
La segunda pata fue financiera y monetaria. Se eliminó el cepo cambiario, a pesar de todo lo que se decía acerca de que no se iba a poder eliminar. Al mismo tiempo, se están comprando dólares a un ritmo como nunca ocurrió. Paralelamente, bajó el riesgo país, aumentaron las calificaciones y se fueron despejando vencimientos.
La tercera pata fue la apertura competitiva: abrirse a la competencia externa y también abrir la competencia interna, respetando a ultranza los mecanismos de precios. La economía argentina estaba trabada por una multitud de regulaciones, hiperregulaciones y microrregulaciones que significaban peajes y kioscos de distinto tipo, en el camino de quien quería producir.
Incluso había normas que implicaban literalmente la prohibición de producir. Sin una nueva Ley de Glaciares, la realidad de la minería argentina sería una ficción.
La búsqueda de competencia y apertura condujo a un fenómeno notable: el intercambio comercial argentino es récord. En décadas no hubo una participación semejante del comercio exterior en el producto argentino. Además, tenemos un superávit comercial creciente desde el primer mes. Se decía acerca de que para competir se requería un tipo de cambio altísimo y barreras comerciales, demostró ser mentira.
Estamos con un superávit comercial récord, y las exportaciones industriales, que debían ser las más afectadas según aquella teoría de la necesidad de un dólar superalto, son absolutamente récord con este dólar.
El tipo de cambio está muy por debajo de la banda superior de flotación. Desde el primer día en que se levantó el cepo, muchos sostenían que iba a pasar la banda superior. Lejos de eso, hoy se encuentra realmente distante.
Superávits y una nueva geografía económica
Entonces tenemos superávit primario, superávit financiero final y superávit comercial. Son tres superávits. Y puedo agregar otro: este año vamos a tener superávit de cuenta corriente. La Argentina se está inundando de dólares. Llueven los dólares porque hay un proceso de inversión extraordinario y porque hay nuevamente confianza en la moneda. Estamos con otra geografía económica.
El aumento de la demanda de pesos está permitiendo no solamente la caída de la inflación. También se trasluce en el aumento de la oferta de dólares y en un florecimiento de distintos sectores de la actividad económica. Cada vez va quedando más atrás aquello de que hay algunos sectores a los que les va bien, pero muchos a los que les va mal. Es lógico, porque aquellos sectores con más potencial de crecimiento traccionan sobre el resto.








