En febrero de 2025, el SPD alemán obtuvo el 16,4% de los votos. Su peor resultado desde 1887. Entre los obreros (su electorado histórico) la caída es vertiginosa, con el 27% en 2013, pero solo 12% en 2025. En el mismo periodo, la AfD ha pasado del 6% al 38% en esa misma categoría (y mucho más en Alemania del Este). La socialdemocracia alemana no ha perdido a sus electores. Los ha abandonado. Y Alemania solo es un ejemplo, no es un caso aislado…
En diez años, el número de países europeos gobernados por la izquierda o una alianza de centro izquierda ha pasado de 13 a 5 sobre los 27 miembros de la Unión europea: España, Dinamarca, Slovenia y Lithuania, y parece que en Romania la izquierda va a permanecer en el gobierno ya que se alió con la extrema derecha para derrocar al gobierno de centro.
Una hemorragia que atraviesa fronteras, tradiciones políticas y sistemas electorales. La izquierda sueca perdió el poder en 2022 mientras Suecia se convertía en el país europeo con más violencia por armas de fuego.
La izquierda francesa se fragmentó en disputas identitarias mientras sus electores populares se pasaban al Rassemblement National (Patriotas por Europa).
Podemos añadir el Reino Unido, donde Keir Starmer ha sufrido una derrota durante las elecciones locales de la semana pasada.
La crisis migratoria como punto de inflexión de la izquierda europea
El punto de inflexión politica en Europa es preciso, es la crisis migratoria. Esta crisis reveló una fractura que la izquierda se negaba a ver. La izquierda de los 2010 era urbana, para gente “educada”, favorable a la apertura de fronteras, en ruptura con una clase obrera (la base tradicional de la izquierda) que sufría en sus barrios y en sus servicios públicos las consecuencias concretas de una política que no había elegido. La izquierda eligió su bando y no era su bando tradicional, sino el progresismo y la apertura máxima.
Los más lúcidos acabaron por entenderlo, pero fue demasiado tarde. Mette Frederiksen, primera ministra socialdemócrata de Dinamarca, ha operado lo que ella misma llamó un "cambio de paradigma", con cero solicitantes de asilo, políticas de disuasión y de retorno. Ha sobrevivido políticamente, pero fue complicado durante las elecciones de Marzo. Sus homólogos, los que rechazaron esa lucidez, han desaparecido o van a desaperecer pronto.
La paradoja es brutal, porque para mantenerse en el poder, la izquierda europea ha tenido que adoptar las políticas que durante años había denunciado como inhumanas. Al hacerlo, ha confirmado que la derecha tenía razón en el diagnóstico...
Pero el problema va más allá. La izquierda europea ha edificado su “software” intelectual sobre tres postulados que han resultado falsos: (1) que el crecimiento financiaría indefinidamente el Estado del bienestar, (2) que la identidad nacional era una construcción reaccionaria sin relevancia para las clases populares, y (3) que las cuestiones de seguridad eran obsesiones fascistas sin fundamento objetivo. Tres errores que explican las derrotas electorales.
Tres errores que explican las derrotas electorales
La derecha europea no está ganando porque comunique mejor, o tiene soluciones impresionantes. Gana porque los hechos le han dado la razón, uno tras otro, y porque los electores populares, los marginados de la globalización y las víctimas de la liberalización desenfrenada (que el ex-Presidente francés, François Hollande, llama de forma condescendiente “los que no tienen dientes”) lo entendieron antes que los partidos que decían representarlos.
En conclusión, las clases populares ya no votan a la izquierda porque se sientan identificadas con la derecha, sino porque esta las ha abandonado y se ha burlado de ellas. Un error fatal…