Lázaro Báez, el testaferro predilecto de los Kirchner, acaba de ser condenado a pagar más de 300 millones de dólares por lavado de dinero en la causa "Ruta del Dinero K". Una sentencia que sirve para recordar los 16 años de gobierno peronista-kirchnerista, un régimen que orquestó un plan sistemático de saqueo al erario público, enriqueciendo a una élite corrupta a expensas de toda una nación.
Miles de millones desviados a cuentas offshore, contratos con sobreprecios obscenos y un Estado capturado por la familia Kirchner y su red de empresarios cómplices que llevó a una economía en ruinas, con una deuda pública triplicada, inflación galopante que pulverizó ahorros, y una pobreza que saltó del 25% al 50% y dejando a millones de argentinos en la indigencia. ¿Hemos tomado dimensión del daño?
Jóvenes sin oportunidades, jubilados pasando hambre y familias enteras condenadas a la miseria mientras Cristina y su séquito se enriquecían con valijas repletas de dólares sucios. Es hora de indignarnos de verdad.
Y todos los días, el gobierno de Milei destapa nuevos curros. Mediante una resolución, el gobierno de Alberto Fernández, Cristina Kirchner y Sergio Massa había ideado un mecanismo perverso para saquear a los trabajadores donde, en solo dos años, se apropiaron de más de $180.000 millones. Ahora, los trabajadores pueden disponer de esos excedentes para pagar cuotas más bajas y aliviar su carga diaria. Un "curro K" menos en la larga lista de latrocinios disfrazados de "políticas sociales progresistas", un cáncer que el peronismo normalizó bajo el ropaje de “derechos”.
El saqueo kirchnerista al desnudo
Frente a este legado de destrucción absoluta, el gobierno de Javier Milei emerge como un faro de esperanza racional, anclado en principios innegociables como el equilibrio fiscal. Es el único antídoto contra los ciclos de fracaso rotundo que nos hundieron en la decadencia. Por primera vez en 123 años de historia, un presidente logra déficit cero después del pago de intereses, resistiendo la tentación del populismo fácil que tanto adoran los socialistas para comprar votos a corto plazo.
Ese equilibrio fiscal que el Presupuesto 2026, anunciado esta semana, consagra como un hito, garantizando estabilidad macroeconómica, variables predecibles y un crecimiento económico proyectado del 5% anual para los próximos años. Porque el Presidente y su equipo económico rechazaron el camino de la estafa electoral, priorizando el futuro de los argentinos de bien sobre el aplauso efímero de las masas subsidiadas.
Los números de agosto lo demuestran: superávit primario de $ 1.556.864 millones y $ 390.301 millones de superávit financiero. ¿Cuál es el secreto? Una disciplina férrea contra el "Partido del Estado", esa coalición tóxica de burócratas enquistados, sindicalistas parásitos y políticos oportunistas que no paran de cascotear el programa económico.
El plan del “Partido del Estado” es sabotear todo para que vuelva el populismo empobrecedor, con emisión descontrolada y gasto público como droga. Pero Milei tiene otro: sostener el equilibrio fiscal a rajatabla, sin excepciones, porque es el único camino para que el socialismo variopinto, con su historial de hiperinflaciones y defaults, no regrese nunca más para saquearnos.
Porque los frutos del liberalismo económico implementado son innegables y palpables en la vida cotidiana. En el segundo trimestre de 2025, el PBI creció un impresionante 6,3%, impulsado por un boom en inversión del 32,1% y un consumo privado que subió 9,9%, pudiendo imaginar en un futuro cercano un sinfín de fábricas reactivadas, comercios llenos y familias volviendo a soñar con el progreso.
De hecho, los créditos hipotecarios explotaron un 2444,7% interanual en agosto, permitiendo que miles de argentinos de clase media accedan por fin a su vivienda propia. Algo impensable bajo el kirchnerismo. El costo de la construcción, además, subió solo 1,5% mensual, contra el 14,7% de hace apenas dos años, cuando la inflación devoraba sueños inmobiliarios. Y la balanza comercial registró un superávit de 1.402 millones de dólares. Estos no son datos fríos: son vidas transformadas.
Este gobierno ha exterminado la inflación endémica, reducido la pobreza un 10% en un año, erradicado los piquetes que paralizaban el país, y lanzado una ofensiva frontal contra el narcotráfico que inundaba nuestras calles. Y todo esto con un Banco Central que está capitalizado por primera vez en décadas y sin emisión monetaria para financiar déficits, haciendo que los fundamentos macro sigan firmes, a pesar de los embates.
El saqueo kirchnerista al desnudo
Pero la oposición “dialoguista” no descansa en su guerra sucia. Durante un año y medio gritaron histéricamente sobre un supuesto "pacto de gobernabilidad" entre Milei y Cristina, en operaciones tendientes a deslegitimar el cambio. Pero basta con mirar las votaciones en el Congreso para darse cuenta que son ellos, los "moderados", quienes se alinean con el kirchnerismo para voltear al gobierno en cada iniciativa clave. No hay precedente de un ataque tan planificado y coordinado contra un mandato democrático legítimo.
Todo un sistema –medios militantes, sindicatos corruptos, jueces activistas– bombardeando sin descanso un plan que funciona. Lo odian porque amenaza su hegemonía parasitaria y su capacidad de vivir del Estado. Argentina no puede ni debe volver al abismo del pasado. Este gobierno libertario representa la ruptura definitiva con ese kirchnerismo corrupto y empobrecedor. Un pacto con la sociedad que tiene un compromiso férreo con la libertad individual, la prosperidad meritocrática y un Estado mínimo que permita el desarrollo.
Los argentinos de bien debemos defender este rumbo con uñas y dientes. El equilibrio fiscal no es negociable. La corrupción debe ser erradicada de raíz, con cárcel para los saqueadores. Y el crecimiento económico debe ser nuestro rumbo. El futuro nos llama a la acción. No lo dejemos escapar en manos de los mismos que nos robaron el ayer. Construyamos juntos un país donde el esfuerzo triunfe sobre el clientelismo y la verdad, sobre la mentira populista.