Mientras el calendario marcaba el comienzo oficial del invierno, para el gobierno de Javier Milei empezaban a despejarse los frentes de tormenta, mostrando un horizonte claro para los próximos 15 meses. Hasta hace no mucho más que un par de semanas, el gobierno tenía tres frentes abiertos que había que sortear para empezar a marchar camino al 2027 y, en unos pocos días, todos comienzan a cerrarse de manera simultánea. La crisis política más profunda que atravesó desde que asumió —la salida de Manuel Adorni— quedó resuelta. El shock energético externo, producto de la guerra en Medio Oriente, se está descomprimiendo. Y el fantasma que más inquietaba a cualquier inversor con memoria, el de un 2027 con un perfil de vencimientos de deuda desafiante, cortesía de Martín Guzmán, se despejó con el plan financiero de Caputo. Tres frentes, tres cierres, en apenas tres semanas.
Empecemos por lo político. Manuel Adorni, jefe de Gabinete desde fines de 2025 y un funcionario muy cercano al presidente Milei, renunció el 27 de junio tras casi cuatro meses de constante ataque mediático y dificultades para explicar, de manera verosímil, sus gastos y cambios patrimoniales. Si bien las denuncias corren su curso por los pasillos de la justicia, el deterioro de su imagen frente a la opinión pública estaba impactando fuertemente al gobierno de manera generalizada, poniendo en riesgo la agenda reformista que se comprometió a llevar adelante. Después de semanas cargadas de rumores, llegó el recambio y Diego Santilli, que tiene mucho oficio político y capacidad de tejer acuerdos, asumió como el nuevo jefe de Gabinete de la gestión. Días antes, Adrián Ravier, economista de la escuela austríaca y discípulo de Jesús Huerta de Soto, tomó la vocería presidencial con un estilo diametralmente opuesto al de Adorni: más calmo, menos confrontativo, más anclado en fundamentos. El propio Milei lo resumió con una frase que le queda bien al momento: "Se agrandó el aula".
El segundo frente es externo. El conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, que había llevado al Brent a superar los US$120 en marzo, empezó a resolverse con el Memorando de Islamabad del 17 de junio. El resultado ya se ve en los números: el crudo cerró en US$71,57 el 1 de julio y perforó los US$71 al día siguiente, su nivel más bajo desde fines de febrero. Para una Argentina que hoy es exportadora neta de energía, el precio del petróleo juega en dos direcciones opuestas: un barril caro mejora los términos de intercambio y ayuda al BCRA a acumular reservas, pero encarece los combustibles en el surtidor y, por esa vía, se filtra hacia todos los precios de la economía. No hace falta ir muy atrás para verlo: la inflación hizo un pico de 3,4% en marzo, consecuencia directa del salto en el precio del barril. La descompresión actual, entonces, alivia el frente inflacionario aunque modere ese viento de cola exportador —y para un gobierno que puso el ancla en bajar la inflación, es un canje que le conviene.
El tercero, y quizás el más determinante para pensar 2027, es el financiero. El Riesgo País cerró en 415 puntos básicos el 2 de julio, un mínimo desde abril de 2018, con una caída del 27,3% en el semestre. Las reservas brutas del BCRA marcaron un récord de US$48.004 millones, sostenidas por 120 ruedas consecutivas de compras netas. Y el próximo lunes 6 de julio, Caputo presentará formalmente un programa financiero que, según su equipo, deja "completamente cerrado" el financiamiento no solo de 2026 sino también de 2027 —el año en que, hasta hace poco, muchos anticipaban un nuevo escenario de tensión cambiaria si es que el tesoro no encontraba fuentes de financiamiento.








