La cuarta audiencia del juicio por la causa Cuadernos volvió a poner bajo la lupa el entramado de corrupción del kirchnerismo. El financista Ernesto Clarens, arrepentido y pieza clave del expediente, declaró cómo comenzó a trabajar para los Kirchner recibiendo pagos ilegales de empresarios de la obra pública y entregando ese dinero al fallecido secretario presidencial Daniel Muñoz.
Según el requerimiento de elevación a juicio leído en la audiencia, Clarens recordó que Muñoz llegó a pedirle billetes de 500 euros porque “ocupaban menos lugar”. Y detalló dos lugares habituales de entrega: habitaciones del Hotel Panamericano y, cuando las sumas eran más abultadas, el domicilio que utilizaban Néstor y Cristina Kirchner en la calle Juncal y Uruguay. Allí, dijo, Muñoz lo esperaba en el hall del edificio. Nunca subió al departamento, pero sí dejó los bolsos.

El Tribunal Oral Federal 7 retomó la audiencia después de algunos problemas técnicos que obligaron a breves interrupciones. Desde esta semana las sesiones serán dos por semana, martes y jueves, acelerando el proceso de lectura de los requerimientos fiscales.
Por la tarde estaba previsto avanzar con el testimonio del fallecido secretario presidencial Fabián Gutiérrez, también arrepentido, cuyas declaraciones integran el expediente. Gutiérrez describió un punto de interés en la residencia de los Kirchner en El Calafate: una puerta blanca ubicada bajando la escalera. Entre los secretarios se decía que “ahí estaba la historia”, el lugar donde se almacenaban los bultos que llegaban en vuelos presidenciales.









