Mientras tanto, la defensora trabajaba a toda prisa en la estrategia judicial con la que el exmandatario intentará desacreditar a Yañez: Fernández asegura tener testimonios que "contradicen la grave denuncia de la exprimera dama", quien esta semana lo acusó en la Justicia de darle patadas en la panza, tomarla del cuello, pegarle en el ojo y golpearla repetidamente durante el último año de su gobierno.
El expresidente prácticamente no ha recibido ninguna defensa pública. Por el contrario, dirigentes del kirchnerismo rapidamente salieron a criticarlo, incluida la condenada por corrupción, Cristina Kirchner, quien también expresó su descontento en privado: ante algunos interlocutores, recordó en los últimos días que siempre estuvo "enfocada en el poder y la política", y que no se permitió, al menos en todos estos años, las "distracciones" con las que Fernández se ocupó durante su mandato.
En el entorno del expresidente también crecía la preocupación en torno a la información que podría haber en el teléfono confiscado por las autoridades judiciales durante el operativo del pasado viernes. El propio Fernández afirmó en una entrevista concedida al diario El País de España que no sabía cómo se habían borrado las antiguas conversaciones de WhatsApp en las que su expareja mencionaba el maltrato físico. Muchos de los antiguos colaboradores presidenciales y personas cercanas se encuentran inquietos por la información que pueda surgir de ese dispositivo: todos sabían de la adicción del exmandatario por las aplicaciones de mensajería instantánea, en donde chateaba con sus amantes a cualquier hora del día.