El lanzamiento de Provincias Unidas mostró la desesperación del peronismo cordobés, que teme sufrir una derrota histórica en su propio bastión. Martín Llaryora y Juan Schiaretti archivaron el cordobesismo para refugiarse en el peronismo más arcaico. La decisión refleja el temor a la lista de Javier Milei, integrada por candidatos puros sin pasado político y con raíces en el sector privado.
El oficialismo provincial sintió la presión del “efecto delasotismo”, con Natalia de la Sota disputando votos en el mismo electorado. Para frenar su avance, decidieron borrarla de la mesa y replegarse en el peronismo clásico. El intento de disfrazar de “sensatez” a Provincias Unidas es apenas un maquillaje de un modelo agotado.
La apuesta no es menor: Schiaretti arriesga su capital político en una elección nacional que podría dejarlo expuesto como derrotado. Tras 26 años de poder, el PJ cordobés enfrenta una oposición renovada que no vive del Estado. Milei, con una marca fresca y candidatos ajenos a la política tradicional, desafía la hegemonía cordobesa.

Schiaretti, con mucho para perder
El exgobernador sabe que se juega más de lo que aparenta en estas legislativas. Si su lista no logra imponerse, quedará debilitado de cara al 2027. Con Llaryora todavía en etapa de instalación nacional, una derrota en Córdoba sería un golpe difícil de digerir.
La mayor preocupación del PJ local es que los cordobeses voten por la marca Milei y no por los apellidos tradicionales. La candidatura de Gonzalo Roca encarna justamente esa idea: gente común que quiere cambiar la Argentina sin haber hecho carrera en el Estado. Ese contraste descoloca al aparato oficialista, acostumbrado a competir con nombres repetidos.
El fracaso del cordobesismo es otra señal de que el peronismo provincial perdió la iniciativa. Tras prometer renovación, terminaron volviendo a los viejos métodos de acumulación de poder. La jugada desnuda que ya no confían en su propio invento político.











