El intendente Daniel Passerini impuso la agenda progresista y reemplazó la bandera argentina por la insignia LGBT. A esta provocación se suma el gasto millonario de pintar las sendas peatonales con los colores de la banderita. Esta decisión ocurre mientras los contribuyentes caminan entre ratas y olores nauseabundos.
El colapso de la gestión estatal queda expuesto en el ingreso a la Terminal de Ómnibus. Las cloacas desbordadas y las veredas destruidas ahuyentan al turismo y hunden a los comerciantes. Más de 800 hoteleros y gastronómicos exigieron el fin de la desidia que arruina al sector privado.
Las rampas para discapacitados están destrozadas y el monopolio municipal no garantiza la higiene básica. Los ciudadanos financian con impuestos abusivos un modelo que prioriza el adoctrinamiento sobre la infraestructura. La capital cordobesa quedó rehén de la incompetencia y la mugre.













