Crisis en el transporte: Passerini dilata soluciones reales mientras los vecinos sufren su improvisación en Córdoba
El intendente Daniel Passerini descartó recibir a representantes del Grupo Dota.
porRedacción Córdoba
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El municipio rechazó una audiencia con el Grupo Dota y exige trámites burocráticos en medio de un servicio colapsado.
La Municipalidad de Córdoba decidió postergar una respuesta concreta a la crisis terminal del transporte urbano. Pese a la urgencia de miles de usuarios, el intendente Daniel Passerini descartó recibir a representantes del Grupo Dota. Esta postura administrativa llega en un momento donde la improvisación estatal ha dejado a la ciudad con frecuencias deplorables.
El Ejecutivo municipal exige ahora propuestas por escrito y documentación de alto grado de complejidad. Mientras la burocracia demanda "tomos de 400 páginas", los trabajadores cordobeses padecen esperas interminables en las paradas. El sistema actual, tras la salida de la empresa FAM, se encuentra atado con alambres y sostenido por un plan de contingencia ineficiente.
La falta de una solución rápida y óptima evidencia la desconexión entre los tiempos de la política y las necesidades del sector productivo. El gasto público sigue fluyendo hacia un esquema de emergencia que no garantiza la movilidad básica. Esta lentitud administrativa castiga directamente a la iniciativa privada y al ciudadano de a pie que paga los platos rotos de la ineficiencia.
El Grupo Dota, uno de los operadores más grandes del país, solicitó formalmente una audiencia el 11 de marzo.
Burocracia municipal frente a la urgencia de los pasajeros
El Grupo Dota, uno de los operadores más grandes del país, solicitó formalmente una audiencia el 11 de marzo. Sin embargo, la respuesta oficial fue derivarlos a reuniones operativas secundarias una vez completada la papelería técnica. Esta dinámica de postergación impide la llegada de inversiones genuinas que podrían renovar la flota de manera inmediata.
Actualmente, los corredores 2, 5 y 7 operan con frecuencias reducidas, generando un costo de oportunidad altísimo para la economía local. La desidia estatal en la fiscalización previa de prestatarias fallidas derivó en este escenario de vulnerabilidad. Los vecinos sufren un servicio que el propio municipio admite que es excepcional y provisorio. Sin una definición política de fondo, la ciudad corre el riesgo de naturalizar la decadencia de sus prestaciones básicas.
El sistema actual, tras la salida de la empresa FAM, se encuentra atado con alambres y sostenido por un plan de contingencia ineficiente.
La institucionalidad del transporte no se recupera con más expedientes, sino con decisiones que fomenten la competencia y la eficiencia. El rechazo a dialogar con jugadores de peso del mercado nacional prolonga la agonía de un sistema quebrado financieramente. Córdoba requiere una apertura inmediata a propuestas que garanticen la frecuencia y calidad que el sector privado demanda para funcionar. Hasta entonces, la capital seguirá prisionera de una burocracia municipal que ignora el clamor de sus contribuyentes.
Un sistema de transporte eficiente es el motor de cualquier metrópoli moderna. La persistencia en planes de contingencia gratuitos para el usuario, pero costosos para el erario, es una muestra de mala administración. La paciencia de los cordobeses se agota al mismo ritmo que las unidades que hoy apenas logran circular.
Los trabajadores cordobeses padecen esperas interminables en las paradas.