Sin embargo, con el nuevo modelo económico, la situación comenzó a revertirse. “Hoy, a partir del orden macroeconómico, la estabilidad y la previsibilidad que impulsa el Gobierno Nacional, eso empezó a cambiar”, afirmó. En ese contexto, la salud “se consolida como uno de los sectores más dinámicos de la economía argentina”.
El ministró destacó que cuando “el Estado ordena, transparenta y establece reglas claras, el sector privado invierte, incorpora tecnología, amplía capacidades y genera valor”. Bajo esa lógica, se impulsaron medidas como la compra de medicamentos a precio de salida de laboratorio, con el objetivo de reducir costos y fomentar la competencia.
Los resultados ya son visibles. Empresas como SC Johnson, Pfizer y la propia Sinergium Biotech anunciaron inversiones recientes en el país. Actualmente, la industria farmacéutica y biotecnológica argentina produce más de 8.100 millones de dólares anuales y exporta a más de cien países.
Además, Lugones resaltó el potencial en áreas como la investigación clínica, la infraestructura sanitaria y el desarrollo tecnológico aplicado a la salud. La expansión de la receta electrónica, con más de 20 millones de prescripciones mensuales, y el avance en inteligencia artificial aplicada al diagnóstico forman parte de este proceso.
En paralelo, el funcionario subrayó el nuevo escenario global, donde la producción regional de vacunas y medicamentos cobra relevancia estratégica. En ese sentido, la articulación con organismos internacionales como la OPS abre nuevas oportunidades para fortalecer capacidades locales y ampliar exportaciones.
“El desafío ahora es profundizar ese proceso y convertir al sector en uno de los grandes motores del crecimiento del país”, planteó Lugones, en una apuesta que busca posicionar a la Argentina como un actor central en la economía de la salud a nivel regional e internacional.