En una sesión marcada por la tensión política, protestas sindicales y un intento del kirchnerismo de hacer caer el debate, la Cámara de Diputados aprobó la reforma laboral impulsada por el gobierno de Javier Milei, consolidando una de las transformaciones estructurales más ambiciosas del programa libertario. La iniciativa, que ya había sido aprobada en el Senado con 42 votos a favor y 30 en contra, volvió al centro de la escena parlamentaria en una jornada atravesada por el paro nacional dispuesto por la CGT y una movilización de sectores de izquierda frente al Congreso que terminó con incidentes y detenidos.
Desde el inicio del tratamiento, el kirchnerismo intentó forzar que el proyecto regresara a comisión para dilatar su aprobación. Frente a esa maniobra, La Libertad Avanza impulsó una estrategia para acelerar la definición: promovió el recorte de la lista de oradores con el objetivo de avanzar hacia la votación. Sin embargo, en un gesto que buscó despejar cuestionamientos y garantizar la transparencia del debate, el oficialismo dio marcha atrás y permitió que hablaran todos los diputados anotados.

Luego de que el oficialismo accediera a eliminar el artículo 44 referido a licencias médicas, la Cámara de Diputados aprobó la reforma laboral en general con un total de 135 votos afirmativos, mientras que la oposición reunió 115 votos negativos. La diferencia numérica reflejó no solo la capacidad de negociación del Gobierno, sino también la consolidación de una mayoría parlamentaria dispuesta a acompañar la modernización del régimen laboral.









