El ex secretario de Obra Pública durante los tres gobiernos kirchneristas malabares patéticos para salvar el pellejo de su jefa política Cristina Fernández de Kirchner.
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El delincuente confeso José López, ex secretario de Obra Pública durante los tres gobiernos kirchneristas y actual preso con una condena unificada de 13 años de cárcel, salió este jueves a hacer malabares patéticos para salvar el pellejo de su jefa Cristina Fernández de Kirchner.
Este mismo tipo que en 2018, como arrepentido, detalló con lujo de precisiones el sistema de recaudación ilegal de coimas en la obra pública —porcentajes del 3%, 5% y hasta 7%, entregas de cientos de miles de dólares varias veces por semana a Daniel Muñoz, coordinación con Carlos Wagner y todo el circuito de sobornos—, ahora viene con cara de víctima a decir que “nunca” vio a Cristina como jefa de una asociación ilícita, ni a Julio De Vido, y que él solo participó en un “gobierno legítimo elegido por el pueblo”.
El mismo López que fue atrapado como un amateur intentando esconder 9 millones de dólares en bolsos dentro de un convento, que acumuló una fortuna inexplicable mientras manejaba la caja de la obra pública, que hoy cumple prisión por enriquecimiento ilícito y fraude en Vialidad, se atreve a hablar de “miedo” a perder su sueldo y de “acecho mediático”.
Según su nuevo relato de conveniencia, todo fue una confusión: el ritmo de la política es muy acelerado, los abogados le decían que estaba todo en orden y él no se daba cuenta de que se estaban cruzando “ciertos límites”. Un coro de excusas de un ladrón que, cuando estuvo solo, vulnerable y con la presión encima en la cárcel, cantó como canario porque sabía que la información iba a ser corroborada. Ahora que el viento cambió un poco, se desdice.
Las frases más importantes de la declaración de José López como arrepentido en la causa Cuadernos
Negó haber integrado una asociación ilícita: “Nunca integré una asociación ilícita”.
Defendió su rol en el gobierno kirchnerista: “Fui llamado a conformar un gobierno legítimo elegido por el pueblo”.
Defendió a Cristina Kirchner y Julio De Vido: “Nunca vi a Cristina Kirchner como organizadora o jefa de una asociación ilícita ni a Julio de Vido”.
Dijo que no tuvo intención de cometer delitos: “Nunca tuve el propósito de cometer delitos, sentí que cumplía mis funciones dentro del parámetro de la política”.
Explicó el “miedo” que había dicho sentir hacia Cristina Kirchner: “El miedo que yo manifesté que le tenía tiene que ver con la forma de Cristina Kirchner de ejercer el poder y mi miedo era hacer mal el trabajo y perderlo”.
Describió presión antes de declarar como arrepentido: “Me dijeron que debía apuntar hacia arriba”.
Cuestionó las condiciones en las que declaró como arrepentido: “Por todo lo que viví, si yo me hubiera encontrado en otra situación anímica y de salud no hubiese hecho esta declaración como arrepentido”.
Afirmó que no podía volver al penal de Ezeiza tras declarar: “Les dije que no podía volver al pabellón en Ezeiza y me dijeron que me incorporara al programa de testigos protegidos”.
Dijo que se sintió presionado por el clima mediático y carcelario: “Eso me afectaba mucho”; también afirmó que se sentía “presionado por los medios”.
Se declaró inocente de los hechos imputados: “Soy inocente de todos los hechos que me están imputando”.
López no solo fue parte del gobierno: fue uno de los operadores centrales de la máquina de robar sistemáticamente a través de la obra pública durante doce años. Haber negado hoy la asociación ilícita es un insulto a la inteligencia de cualquier argentino que no sea militante ciego.
Toda la cúpula kirchnerista —Cristina, De Vido, Muñoz y compañía— habría montado un verdadero negocio criminal disfrazado de Estado. Repartían obra pública a dedo entre amigos del poder, cobraban su porcentaje obligatorio y se llenaban los bolsillos mientras la gente común laburaba para pagar impuestos. López fue un engranaje clave de esa mafia, y ahora intenta blanquearla con un discurso victimista y mentiroso que huele a desesperación.