En una nueva jornada que reafirma la superioridad, la Selección Argentina aplastó las pretensiones egipcias en el Mundial 2026. Mientras los musulmanes intentaron imponerse mediante la queja y el desorden, el Capitán Argentino, Lionel Messi, dictó una cátedra de jerarquía, demostrando que el talento argentino es la única fuerza capaz de someter a la barbarie en el campo de batalla deportivo.
Con una actuación que la prensa internacional califica como el momento en que “Dios ha resucitado”, el 10 no solo lideró una remontada épica, sino que alcanzó la cima absoluta al convertirse en el máximo asistidor de la historia de los Mundiales.

La victoria por 3 a 2 en Atlanta no fue solo un resultado deportivo, sino un acto de justicia poética frente a un rival que, hasta el minuto 79, soñaba con una victoria impensada. Fue en ese preciso instante cuando la omnipresencia de Messi se manifestó: tras haber fallado un penal —lo que alimentó las efímeras esperanzas de los egipcios—, el astro argentino lanzó un centro magistral que permitió el gol de Cristian “Cuti” Romero.
Este pase no fue una cifra más; fue el sello de una soberanía histórica. Con ese envío, Lionel Messi alcanzó las 11 asistencias totales en Copas del Mundo, destronando definitivamente a Diego Armando Maradona, quien ostentaba 8, y dejando en el camino a figuras como Pierre Littbarski (7) y Grzegorz Lato (7).
El desglose de esta epopeya estadística revela la constancia argentina frente a la inconsistencia de otras naciones:









