Vecinos de la ciudad punillense critican la iniciativa municipal y cuestionan el malgasto previo de recursos públicos.
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La Municipalidad de La Falda anunció una peña solidaria el 20 de noviembre a las 20 horas para recaudar dinero destinado al hospital local, en medio de una grave crisis sanitaria. La iniciativa, impulsada por la gestión del radical Javier Dieminger, busca financiar obras y hasta la compra de paneles solares para el centro de salud. La medida generó sorpresa y malestar, ya que el municipio recibió aportes provinciales para asistir al hospital y sostuvo elevados gastos en festivales y promoción durante la temporada de verano.
El anuncio dejó expuesta una improvisación reprochable en la gestión de recursos públicos, al depender ahora de un evento musical para cubrir obligaciones sanitarias básicas. Mientras municipios cercanos encaran obras de gran escala, La Falda pide colaboración popular para afrontar responsabilidades que deberían estar garantizadas por una administración eficiente. La decisión también reavivó críticas por la falta de recortes en la estructura del municipio, donde podrían obtenerse fondos con ajustes administrativos en lugar de apelar a la solidaridad ciudadana.
En redes sociales, numerosos contribuyentes cuestionaron que el municipio destinara fuertes sumas a festivales, pauta oficial y contrataciones mientras acumulaba deudas con médicos y anestesistas. Esto alimentó dudas sobre la transparencia y la prioridad en el uso de los fondos públicos, generando reclamos para que el Ejecutivo explique qué ocurrió con los recursos ya recibidos. La sensación predominante en el debate público es que la peña, cuyo precio es un bono contribución de $5000, representa una respuesta municipal desesperada.
Afiche promocional del cuestionado evento
Críticas de los vecinos y falta de confianza
Los comentarios de vecinos reflejan frustración y desconfianza profunda hacia la gestión, con señalamientos directos sobre la administración de fondos municipales. Algunas reacciones destacaron cuestionamientos como “Se la gastaron toda en la fiesta del alfajor y ahora piden peña para salvarle las papas al hospital” y “¿Qué hicieron con la plata que entregó Llaryora?”, en referencia al rescate financiero de la Provincia. Otro vecino escribió: “La gente paga impuestos… ¿quién se los roba? Y ahora esta peña, siguen sacándole plata al pueblo”, mostrando la indignación social.
También circularon críticas sobre los elevados contratos artísticos de la temporada, señalando que se priorizó entretenimiento mientras trabajadores de la salud esperaban cobrar sus sueldos. Un residente expresó: “Lo primero tendría que haber sido pagarles a médicos y enfermeros, después los entretenimientos”, reflejando la percepción respecto al orden de prioridades. Otros mensajes apuntaron directamente al intendente y sus funcionarios: “Desde que asumió Dieminger no hizo nada, solo cobrar y cobrar, ¿a dónde fue esa plata?”.
Frases como “Siempre el pueblo poniendo la tarasca” y “Esto es una tomada de pelo” sintetizaron el clima social, sospechando del destino de lo que se espera recaudar en la peña. La percepción generalizada es que la municipalidad busca trasladar a los ciudadanos el costo de una administración deficitaria. Con quirófanos cerrados desde febrero y sueldos adeudados a profesionales esenciales, el municipio busca depositar en los contribuyentes la responsabilidad de salvar el hospital local.
La decisión de organizar una peña para financiar el hospital municipal refleja un nivel de improvisación que preocupa y evidencia falta de eficiencia de la gestión de Dieminger. Luego de gastar millones en festivales y publicidad, pedirle dinero otra vez a los vecinos demuestra las falencias municipales para administrar sus propios recursos. En lugar de recortar o ajustar estructuras y priorizar salarios médicos, el municipio apela desesperadamente a la solidaridad ciudadana para tapar su propia ineficiencia.