Detuvieron a otro naranjita en Córdoba: una práctica ilegal que debe erradicarse
El violento naranjita siendo detenido por la policía de Córdoba
porLeonel Elokdi
sociedad
El cuidacoches exigió más dinero y atacó una camioneta. Fue detenido, pero el problema persiste en toda la provincia.
Un nuevo hecho de violencia protagonizado por un naranjita volvió a exponer el nivel de descontrol que impera en las calles de Córdoba. El jueves por la noche, un hombre fue detenido tras rayar una camioneta Toyota Hilux en la avenida Fernando Fader al 4200, en el Cerro de las Rosas. Su reacción violenta fue una muestra más de cómo esta actividad ilegal se sostiene sobre la amenaza y la impunidad.
El conductor había transferido 3.000 pesos por el supuesto “cuidado” del vehículo, pero el agresor consideró que el monto no era suficiente. Exigió más dinero, y al recibir una negativa, arremetió contra la camioneta con absoluta prepotencia. Este tipo de episodios refleja que los cuidacoches actúan como verdaderos dueños del espacio público, sin control ni sanción efectiva.
La Policía actuó con rapidez, deteniendo al responsable y secuestrando dos chalecos refractarios que utilizaba para su actividad. El sujeto fue trasladado a la comisaría y quedó a disposición de la Justicia. El accionar policial debe ser celebrado, porque cada detención es un freno a una actividad que afecta la libertad y la seguridad de los ciudadanos.
El violento naranjita fue detenido tras rayar una camioneta Toyota Hilux
Una práctica ilegal que degrada el espacio público
El caso no es aislado: apenas un día antes, tres cuidacoches habían sido arrestados por agredir a automovilistas en distintos puntos de la ciudad. En uno de los hechos, un naranjita exigió 20 mil pesos en barrio General Paz y, al negarse el conductor, atacó el vehículo con furia. En otro episodio, dos hombres rayaron la puerta de un auto en el Centro por no recibir el pago que reclamaban.
Estos delincuentes disfrazados de “trabajadores informales” convierten las calles en zonas de extorsión permanente. Su presencia genera miedo, especialmente entre quienes estacionan en lugares públicos y se sienten obligados a pagar para evitar daños. Lo que comenzó como una práctica tolerada, hoy se ha transformado en una red de coerción que la provincia no puede seguir ignorando.
Es hora de que las autoridades provinciales y municipales prohíban de manera definitiva esta actividad y establezcan penas durísimas para quienes la ejerzan. No puede seguir normalizándose una práctica extorsiva, violenta e ilegal que degrada el orden urbano y amenaza a los vecinos. Erradicar a los naranjitas de las calles no es una opción: es una urgencia moral y social para el bien de todos los ciudadanos.