El Telescopio Espacial James Webb volvió a sorprender a la comunidad científica al detectar evidencia de un agujero negro supermasivo que existía mucho antes de que se formara su galaxia. Este descubrimiento desafía las ideas tradicionales sobre el origen de estos objetos masivos.
Según los investigadores, este agujero negro no pasó por la fase habitual de colapso estelar ni se alimentó de material de una galaxia ya formada para crecer. En cambio, parece haber surgido de manera casi directa en los primeros momentos del cosmos.
El profesor Roberto Maiolino, de la Universidad de Cambridge, uno de los autores del estudio, describió los resultados como "una revisión total de los escenarios clásicos de cómo se forman y crecen los agujeros negros".
Durante décadas, la ciencia aceptaba que los agujeros negros grandes se originaban a partir de estrellas masivas dentro de galaxias existentes, que colapsaban y devoraban material cercano. Sin embargo, este nuevo caso muestra un gigante que alcanzó un tamaño enorme sin necesidad de ese proceso.
Un hallazgo en el universo primitivo
El objeto, ubicado en la región conocida como Little Red Dot QSO1 dentro del cúmulo Abell 2744, se encuentra a unos 13 mil millones de años luz de distancia. Tiene una masa equivalente a 40 millones de veces la de nuestro Sol y existía apenas 700 millones de años después del Big Bang.
Este es el primer caso en el que los científicos pudieron medir directamente la masa de un agujero negro en el universo temprano. Hasta ahora, las mediciones eran indirectas y basadas en suposiciones.
Los investigadores observaron que el gas alrededor del agujero negro muestra un movimiento kepleriano perfecto, similar al que siguen los planetas alrededor del Sol. Esto permitió calcular con precisión que la mayor parte de la masa se concentra en el centro, confirmando la presencia del agujero negro supermasivo.
El investigador Ignas Juodžbalis explicó que si la masa estuviera más distribuida entre estrellas, el gas no rotaría de esa manera tan ordenada.
Implicancias para la cosmología
Este hallazgo plantea preguntas sobre los mecanismos de formación en las primeras etapas del universo. Tradicionalmente se pensaba que se necesitaban al menos mil millones de años para que surgieran agujeros negros de este tamaño, pero las evidencias indican que ocurrió mucho más rápido.
Algunos astrofísicos sugieren que la materia oscura podría jugar un rol clave. Al desintegrarse, podría haber calentado el gas de hidrógeno lo suficiente como para que la gravedad lo concentrara rápidamente en nubes gigantes que colapsaron en agujeros negros supermasivos.
Aunque esta explicación es todavía teórica y depende de la confirmación de las propiedades de la materia oscura, ayuda a que los cálculos encajen con las observaciones.
El James Webb ha estado detectando señales de estos objetos desde hace tiempo, pero esta medición directa marca un antes y un después en el estudio del cosmos temprano. Los "puntos rojos" observados suelen corresponder a agujeros negros rodeados de gas denso de esa época.
Los expertos coinciden en que este tipo de descubrimientos no niegan el Big Bang, sino que enriquecen el entendimiento de cómo evolucionó el universo en sus primeros cientos de millones de años. La capacidad del Webb para observar con tanto detalle sigue reescribiendo capítulos de la historia cósmica.