Por: Guillermo Sicardi (mayo de 2023)
Decía el icónico ex presidente de Peñarol, contador José Pedro Damiani: “En el Uruguay no hay ricos, hay riquitos”. Y cuando nos comparamos con Argentina, también lo nuestro es diminutivo: ni grandes proezas, ni grandes desastres. Con la política sucede lo mismo: allá está “la casta” y aquí “la castita”. Ambas están en contra de las ideas que propone desde hace casi 10 años Javier Milei, un economista que defiende la libertad a ultranza y que quiere cambiar radicalmente la estructura del Estado y las mafias que lo gobiernan. Por eso muchos le tienen miedo.
Milei no está en contra de la política, ni de los políticos honestos y, menos aún, del sistema democrático. Él está en contra de “la casta”, a la cual define como aquellos políticos que viven del Estado, que aprueban leyes y decretos para dejar contento al pueblo en el corto plazo, aun sabiendo que, a la larga, esas medidas son perjudiciales para toda la sociedad.
También la casta la integra el político corrupto, no solo del que revolea bolsos con nueve millones de dólares para dentro de un convento trucho, asigna obra pública a los amigos y sus entenados que acumulan 400.000 hectáreas en estancias, sino que también incluye a los que hacen favores con dinero ajeno, cobran impuestos para repartirlos a cambio de votos o simplemente son tibios a la hora de encarar los cambios, porque saben que ir contra la corriente del pensamiento dominante es ir contra la corriente de los votos que los mantienen en el poder.
Miei a favor de la libertad
Milei está a favor de la libertad en todos sus términos, de las libertades políticas, las sociales, las individuales y, sobre todo, de las libertades económicas. Quiere eliminar los más de 120 impuestos que rigen en Argentina y dejar solo 10, así como las 69.000 regulaciones que impiden el comercio, al punto tal que un vehículo que transporta chacinados desde capital federal a provincia (es decir, cruzando la General Paz), debe llevar unos 17 permisos encima, y para ello el empresario debe disponer de un funcionario casi en exclusiva para llenar papeles inútiles para saciar a un Estado ineficiente.
También plantea cerrar el Banco Central (más bien dinamitarlo y dejar sus ruinas como testimonio de las ruinas que esa entidad les causó a los argentinos), como ser destruir cinco signos monetarios, quitarle 13 ceros a la moneda y generar dos hiperinflaciones sin haber tenido guerras.
El peso argentino es un papel pintado, que desde hace casi un siglo los políticos de todo pelo lo han venido falsificando sin pudor. Y, de yapa, recordemos que Argentina es un “defaulteador serial”, ya que van nueve veces que no paga sus deudas y, seguramente, sume la décima cucarda a este triste currículum en muy poco tiempo.
Como Milei pretende quitarles a los políticos las herramientas del saqueo, la casta se opone a sus ideas. Quieren seguir con la obra pública y ya vimos los robos que hicieron, todos documentados en los “cuadernos Gloria”. Quieren seguir con las empresas públicas, todas ellas perdiendo dinero, pero ganando empleados públicos amigos y “caja” para sus campañas.
Quieren seguir con el Banco Central, para que pueda financiar el déficit fiscal crónico, que se genera por subsidiar las tarifas públicas, financiar políticas de género, tener un exceso de Estado y el “ponerle platita en el bolsillo a la gente”. Por eso tienen una inflación del 120% (y creciendo), una moneda inútil y un riesgo país de los más altos del mundo.








