Gabriel Oddone, el economista que llegó al Ministerio de Economía y Finanzas el 1º de marzo de 2025 de la mano de Yamandú Orsi y el Frente Amplio, se presentó siempre como el técnico serio, el que venía a poner orden después del desmadre. Exmilitante del Partido Socialista hasta 2015, referente de la socialdemocracia urbana montevideana, el hombre de las metas fiscales y la “sostenibilidad”. Pero los hechos de 2026 lo desnudan: el ministro se puso a repartir plata a mansalva a los sectores de menores ingresos bajo el disfraz de “unificación de transferencias” y “combate a la pobreza infantil”. Esto no es política social. Es Plan Platita puro y duro, clientelismo de manual para construir capital político y posicionarse de cara a 2029.
Los números no mienten y son demoledores. En la Rendición de Cuentas presentada a fines de junio de 2026, Oddone impulsó un incremento presupuestal de aproximadamente 3.200 millones de pesos (unos 81 millones de dólares en total, contando los 50 millones ya previstos en el Presupuesto más 31 millones adicionales). El grueso va a la “Asignación Única para la Infancia y la Adolescencia”, que fusiona Asignaciones Familiares, Plan de Equidad, Bono Crianza y Tarjeta Uruguay Social. Para los niños de 0 a 3 años de los deciles más bajos los montos se disparan:
Decil 1: de 5.371 pesos a 10.000 pesos mensuales.
Decil 2: de 4.400 a 10.000.
Decil 3: de 3.032 a 6.600.
Decil 5: de 2.796 a 3.300.
Impactará en unos 50.000 niños el primer año (nacidos 2025-2027) y se irá ampliando. Las transferencias a la infancia ya rondaban los 450 millones de dólares anuales; esto suma otro 7% extra. Oddone y su equipo (Vallcorba, Arim) lo venden como “eficiencia” y “el mayor cambio en dos décadas”. La realidad: más plata directa al bolsillo de los quintiles bajos, exactamente la “gilada” que el FA necesita cautiva.
¿De dónde sale la plata? No de un milagro de productividad. Parte de reestimaciones de impuestos ya aprobados, “eficiencia tributaria” y, lo más revelador, de un nuevo gravamen: quitar la exoneración de IMESI a ciertos vehículos eléctricos a partir de 2027 (más de la mitad de los 31 millones extra depende de ese impuesto que todavía no existe). Mientras tanto, el crecimiento del PIB en 2025 fue de apenas 1,8% (por debajo de las proyecciones originales del gobierno), la proyección para 2026 se recortó a 1,6%, y el propio Oddone admite que “plata para todo lo que se demanda no hay”. Pero para el Plan Platita siempre aparece. Inflación baja (3,65%), 26.000 empleos y suba del salario real del 2,3% no alcanzan para justificar este salto de gasto focalizado cuando la economía apenas se arrastra por encima del promedio de la década.1
Oddone niega aspiraciones presidenciales. En entrevistas dijo que “es imposible” que se presente en 2029, que “no sabría ni cómo”, que su familia no lo deja y que un ministro de Economía no debe pasar a la política. Típico. En enero de 2026 ya se hablaba abiertamente del “traje de candidato” que le calzaba: síntesis Vázquez-Astori, hombre de la clase media urbana, respaldo presidencial inquebrantable, capacidad de cerrar filas en el FA. El protagonismo que acumuló en 2025 y 2026 —interpelaciones en el Senado, defensa de la deuda, emisiones de bonos por 1.300 millones de dólares a tasas “históricas”— no es inocente. Un ministro que reparte transferencias aumentadas a 50.000 hogares vulnerables mientras sostiene el relato de “protección social y cohesión” está sembrando votos. Exactamente lo que hizo el kirchnerismo argentino con el Plan Platita: plata hoy, lealtad mañana, poder pasado mañana.
Esto es clientelismo socialista clásico. El FA vuelve al gobierno y, en menos de dos años, Oddone —el “técnico responsable”— prioriza el gasto incremental en infancia, seguridad, educación y personas en situación de calle, financiado con más presión tributaria y reasignaciones. No hay reforma estructural profunda del Estado, no hay shock de competitividad real que baje el costo de vida de manera sostenida para todos. Hay cheques más gordos para los deciles bajos. La “gilada” recibe la plata, el ministro se construye imagen de “escudo de los débiles” y el Frente Amplio asegura la base electoral para 2029. Que Oddone diga que no quiere ser candidato no cambia el efecto político de la medida. Los hechos hablan más fuerte que las declaraciones.
Uruguay no necesita otro ciclo de transferencias clientelares disfrazadas de “inversión en infancia”. Necesita crecimiento real, menos Estado obeso, menos impuestos y más libertad económica. El Plan Platita de Oddone es la confirmación de que, bajo el discurso técnico, el socialismo sigue siendo el mismo: repartir la plata de los demás para comprar lealtades y armar el próximo proyecto de poder. Categórico y sin vueltas: esto es electoralismo puro. Y los números están a la vista de cualquiera que quiera mirarlos.