Este 20 de mayo las autoridades del Ministerio de Ganadería, Agricultura y Pesca (MGAP) y del Instituto Nacional de Colonización (INC) dieron una conferencia de prensa tras el escándalo que generó la compra de tierras para homenajear a Mujica.
Cabe destacar que en representación del MGAP se pronunció el subsecretario, Matías Carámbula —quien quedó como ministro interino—, dado que el señor Alfredo Fratti se encuentra degustando las deliciosas carnes de exportación en un stand del Instituto Nacional de la Carne (INAC) en la feria SIAL, en China.
El déficit como horizonte
Durante la conferencia, Matías Carámbula estaba incómodo y no era para menos. No solo tenía que defender esta compra, sino debía reivindicar la existencia de un organismo que cada año hace su valioso aporte al déficit fiscal.
«Nos pareció importante contextualizar la compra de un inmueble a través del INC, en el marco de una serie de políticas de contexto que son importantes para darle argumento y sentido a lo que finaliza en una compra de un inmueble», explicó.

Un panfleto comunista como argumento
Los cuatro pilares que expuso Carámbula para justificar la existencia y las acciones del INC parecen sacados de un manual de marxismo aplicado.
Primero, la tierra como «soberanía» —territorial y alimentaria—, es decir, un bien estratégico que debe estar bajo control estatal. Segundo, la búsqueda de una «distribución más justa y equitativa» de la renta del sector, lo que en la práctica se traduce en intervención, subsidios y redistribución forzada. Tercero, una visión centrada en un “sujeto y modo de producción” que, si no es rescatado por el Estado, estaría destinado a desaparecer. Y cuarto, la idea de que comprar campos es en realidad una «inversión en bienes públicos» porque pasan a formar parte del «patrimonio» nacional, lo cual no es otra cosa que ir nacionalizando el campo con plata del contribuyente.
Para entender la compra, ponete estos lentes
«Es importante que el debate político y el debate con las organizaciones sea desde esa mirada: primero desde la discusión central del lugar de la tierra en esta sociedad y en este país (basado en los cuatro pilares que mencionaba: soberanía territorial y alimentaria; justicia social, distribución de la renta y patrimonio)», señaló el ministro interino.
Es evidente que, en esta discusión, todo se construye a partir del axioma de la «función social de la tierra», donde el paternalista y omnipresente Estado asume el rol de gran redistribuidor, árbitro moral y arquitecto del agro.








