Trump y Kim mantuvieron tres reuniones durante el primer mandato presidencial del estadounidense, en un intento de avanzar hacia la desnuclearización de Corea del Norte. Aunque aquellas negociaciones terminaron sin un acuerdo, Trump considera que su relación personal con el líder norcoreano puede servir nuevamente como herramienta diplomática para reducir las tensiones.
En ese contexto, el presidente defendió su decisión de reducir la escala de determinadas maniobras militares conjuntas entre Estados Unidos y Corea del Sur. Trump argumentó que los ejercicios pueden enviar una señal innecesariamente hostil a Pyongyang y sostuvo que las modificaciones buscan contribuir a una península coreana más segura.

El mandatario también cuestionó a Seúl por no haber respaldado plenamente a Washington durante su campaña de presión contra el programa nuclear iraní y criticó las decisiones adoptadas durante el gobierno de Joe Biden relacionadas con el reparto de los costos de defensa.
Trump insistió en que sus medidas no representan un abandono de Corea del Sur ni una concesión unilateral a Corea del Norte. Por el contrario, presentó su estrategia como un intento de utilizar la diplomacia directa y su relación personal con Kim para reducir riesgos de conflicto mientras Estados Unidos mantiene su capacidad de disuasión.












