De acuerdo al periódico ''The New York Times'', el príncipe heredero, Mohammed bin Salman estaría presionando para continuar con la guerra.
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El príncipe heredero de Arabia Saudita, Mohammed bin Salman, habría instado al presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a continuar la campaña militar contra Irán, según diversas fuentes estadounidenses citadas en reportes periodísticos. La presión del líder saudita se produjo en el contexto de la escalada de la guerra regional, que comenzó a fines de febrero de 2026 con ataques coordinados de Estados Unidos e Israel sobre objetivos militares iraníes.
El conflicto se intensificó luego de una operación que eliminó a altos mandos iraníes, incluyendo al Líder Supremo Alí Jamenei, desencadenando represalias en todo el Golfo Pérsico y aumentando la tensión en la región. Ante esta situación, Mohammed bin Salman habría mantenido comunicaciones regulares con Trump, alentando al mandatario estadounidense a sostener y ampliar las operaciones militares, calificando la coyuntura como una oportunidad para debilitar la influencia regional de Teherán y reforzar la posición estratégica de Arabia Saudita.
Fuentes indicaron que la presión saudita coincidió con recomendaciones de Israel y de algunos asesores dentro del gobierno estadounidense, quienes consideraban necesario continuar las ofensivas para limitar la capacidad nuclear y militar de Irán, así como para frenar el apoyo de Teherán a milicias en Siria, Líbano, Irak y Yemen. La postura de Riad, aunque firme en privado, contrastaba con su retórica pública, que enfatizaba la necesidad de estabilidad y diplomacia en Medio Oriente.
El príncipe heredero habría mantenido conversaciones telefónicas con Trump, en las cuales lo instaba a continuar con la guerra en Irán
Funcionarios estadounidenses señalaron que Mohammed bin Salman buscaba asegurar que cualquier pausa o retirada no fortaleciera a Irán ni debilitara la posición de Arabia Saudita y sus aliados del Consejo de Cooperación del Golfo. La intención de Riad era que Estados Unidos asumiera el liderazgo militar directo, mientras el reino se mantenía en un rol más discreto, evitando una implicación pública que pudiera generar riesgos internos o internacionales.
El conflicto y la presión saudita coincidieron con un escenario económico y energético volátil. Las tensiones en el Golfo Pérsico y los ataques a infraestructuras estratégicas elevaron los precios del petróleo y generaron incertidumbre en los mercados globales. Arabia Saudita, como productor clave, buscaba fortalecer su posición negociadora mientras presionaba por una estrategia estadounidense que maximice la debilidad de Irán.
Por ahora, Arabia Saudita mantiene una postura oficial prudente, evitando declarar participación directa en los combates, y continúa promoviendo la diplomacia regional. Sin embargo, el respaldo privado del príncipe heredero a la estrategia estadounidense revela la presión que Riad ejerce sobre la política exterior de Washington en momentos críticos, reforzando la percepción de que los intereses del reino están estrechamente alineados con la conducción del conflicto en Irán.
Riad mantenía las intenciones de que el gobierno de Trump asuma un liderazgo militar directo en el conflicto