La caída del régimen en 1958 marcó el inicio del fracaso del proyecto. El financiamiento se interrumpió y, para 1961, la obra quedó inconclusa. Lo que debía ser un emblema de modernidad se transformó en una enorme estructura de hormigón abandonada.
Durante las décadas siguientes, el Helicoide tuvo múltiples usos informales. En los años 70 y principios de los 80, fue ocupado por familias desplazadas por deslizamientos y crisis habitacionales. El edificio se convirtió en un asentamiento precario dentro de una mole inconclusa, lejos de cualquier idea original de lujo o consumo masivo.
El desembarco de los servicios de inteligencia
El destino definitivo del Helicoide comenzó a sellarse a mediados de los años 80, cuando el Estado venezolano tomó control total del predio. El edificio pasó a manos de la DISIP, el organismo de inteligencia de la época, hoy conocido como SEBIN (Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional).












