La economía china se desaceleró nuevamente y creció apenas un 4,8 % interanual entre julio y septiembre, según datos oficiales difundidos por la Oficina Nacional de Estadísticas. Se trata del ritmo más bajo en un año y refleja la combinación de factores que golpean al gigante asiático: la crisis inmobiliaria, la caída del consumo interno y la tensión comercial con Estados Unidos.

China aspira a cerrar 2025 con un crecimiento cercano al 5 %, aunque el objetivo parece ser cada vez más ambicioso. “El mercado pensaba que China no iba a alcanzar su objetivo, pasara lo que pasara. Incluso con estímulos, iba a estar por debajo del 5 %”, señaló Dan Wang, director para China de Eurasia Group, en declaraciones reproducidas por Infobae.
La debilidad del mercado inmobiliario sigue siendo el principal obstáculo. El exceso de oferta, las constructoras endeudadas y la falta de confianza de los consumidores mantienen paralizado el sector, que representa casi un cuarto del PBI chino. A esto se suma una caída sostenida del consumo minorista y un clima deflacionario que refleja el estancamiento del poder adquisitivo.
Pese a la desaceleración, el gobierno de Xi Jinping insiste en sostener el crecimiento a través de la inversión pública y la expansión del crédito. Según explicó Tianchen Xu, economista senior de Economist Intelligence Unit en Beijing, “el cuarto trimestre será estructuralmente diferente, con mucha inversión y poco consumo. Después de todo, un crecimiento negativo de la inversión no es algo que los dirigentes económicos quieran ver”.









