El dictador comunista de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, protagonizó una polémica declaración al referirse al creciente costo de vida que enfrentan los brasileños y planteó que, ante la imposibilidad de comprar determinados alimentos, la población puede reemplazarlos por otros más baratos.
Durante una actividad realizada el viernes en Porto Alegre, el ya avejentado dirigente reconoció abiertamente que numerosos productos básicos se encuentran caros y mencionó específicamente la carne y el café. “Yo sé que ustedes van al supermercado y las cosas están caras. La carne está cara, el café está caro. El año pasado, el huevo estaba por las nubes”, señaló Lula ante los presentes.
Sin embargo, lejos de limitarse a reconocer el deterioro del poder de compra, el dirigente del Partido de los Trabajadores respondió con una particular recomendación sobre cómo afrontar los precios de los alimentos. Tras destacar la enorme producción de huevos existente en Brasil, Lula sostuvo: “Si no hay carne, comemos huevo. Si no hay huevo, comemos carne”, romantizando la creciente pobreza en Brasil.
El mandatario fue todavía más lejos y recordó las dificultades económicas que atravesó personalmente durante su juventud para plantear otra alternativa cuando una familia no pueda acceder a ninguno de los dos productos. “Cuando no hay ninguno de los dos, comemos, como yo comía cuando llevaba mi lonchera, frijoles y arroz solos”, afirmó.
Las palabras generaron una fuerte indignación al ser pronunciadas por el propio jefe de Estado, quien, en teoría, debería ocuparse de mejorar las condiciones de vida de los brasileños, especialmente después de admitir explícitamente las dificultades que atraviesan los consumidores a la hora de alimentarse.
Brasil registró en agosto una deflación mensual del 0,32%. La inflación acumulada desde enero de 2023 hasta agosto de 2026 alcanza aproximadamente el 17,9%, mientras distintos alimentos continúan presentando valores elevados para las familias, por encima de los salarios.
Lula da Silva.
La declaración también resulta llamativa por el contraste con uno de los símbolos utilizados históricamente por el propio Lula para hablar del bienestar de los trabajadores: el acceso de las familias brasileñas a alimentos como la carne.
Esta vez, frente a consumidores que enfrentan precios que él mismo reconoció como elevados, Lula no plantea ninguna solución para recuperar el poder adquisitivo, sino la resignación del consumo.