En contraste, describe a Estados Unidos como un país sin una ''contraparte'' clara, debilitado por divisiones internas, rotación constante de funcionarios y falta de continuidad estratégica.
Este diagnóstico de debilitamiento occidental sirve de marco para una evaluación severa de América Latina, presentada como una región en crisis estructural. Epstein mencionó a Brasil, Venezuela y Argentina como países ''al borde del colapso'' o atrapados en ciclos repetitivos de fracaso.
Venezuela es citada como un caso paradigmático de contradicción: poseer las mayores reservas de petróleo del mundo y, al mismo tiempo, atravesar un colapso económico profundo. Brasil, en cambio, es descrito como una futura ''oportunidad de inversión histórica'', una vez superada su crisis política.












