Las oficinas de la aerolínea israelí El Al en París amanecieron con pintadas que rezaban “El Al genocide airline” (“El Al, aerolínea del genocidio”), en un acto vandálico que la empresa calificó como “un grave incidente antiisraelí”.
El ataque ocurrió durante la noche, mientras el edificio se encontraba vacío, por lo que no hubo riesgo para los empleados. Sin embargo, la empresa tomó la decisión de evacuar a todo su personal de la capital francesa y reemplazarlos, por ahora, con trabajadores de una empresa extranjera.
El hecho marca un nuevo pico de tensión en la creciente ola de antisemitismo que se ha desatado en Europa occidental desde el inicio de la guerra entre Israel y Hamás.
A pesar de que las oficinas de El Al no son una representación oficial del Estado de Israel, la empresa porta con orgullo la bandera israelí en la cola de cada uno de sus aviones y actúa, en muchos sentidos, como embajadora del país en los cielos del mundo.

No sorprende, entonces, que se haya convertido en blanco de ataques por parte de quienes ya no distinguen entre crítica política y violencia contra símbolos israelíes y judíos.








