La competencia de ciclismo en España tuvo que suspenderse por manifestaciones antisemitas respaldadas por el gobierno
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Lo que debía ser una fiesta deportiva internacional terminó en caos en el corazón de Madrid. La última etapa de la Vuelta a España, una de las tres grandes competencias del ciclismo mundial, fue cancelada después de que miles de manifestantes pro-palestinos bloquearan el recorrido en la Gran Vía y otras arterias principales de la capital.
Las imágenes mostraron a los manifestantes derribando vallas metálicas, ocupando el trazado oficial y lanzando barricadas en medio de la calle.
La policía desplegó a más de 1.000 agentes en un intento de contener la situación, pero la magnitud de la protesta impidió que la carrera pudiera concluir como estaba previsto.
La organización anunció de inmediato el cierre oficial de la competición y confirmó al danés Jonas Vingegaard como ganador de la edición 2025, aunque todavía no está claro si se celebrará una ceremonia de premiación.
Manifestantes pro-palestinos chocan con la policía
Los disturbios no fueron un hecho aislado. Durante las tres semanas de la competencia, distintos grupos pro-palestinos ya habían interrumpido varias etapas, con especial énfasis en protestar contra el equipo Israel-Premier Tech, patrocinado por el Estado judío y que se ha convertido en blanco de boicots por parte de sectores hostiles a Israel.
En un mitin del Partido Socialista celebrado en Málaga, Sánchez llegó a decir que los españoles se están movilizando “por causas justas como Palestina”, declaraciones que fueron interpretadas como un guiño a los manifestantes que en ese mismo momento bloqueaban el evento deportivo.
Mientras tanto, en el centro de Madrid, lo que debía ser un final vibrante de una de las competencias ciclistas más prestigiosas del mundo se transformó en un enfrentamiento entre radicales y fuerzas de seguridad.
Los corredores, que esperaban concluir con la tradicional llegada al Paseo de la Castellana, se vieron privados de su momento de gloria debido a un conflicto político completamente ajeno al deporte.
La cancelación de la etapa final no solo empaña la imagen internacional de la Vuelta, sino que también proyecta dudas sobre la capacidad de España para garantizar la seguridad de eventos deportivos de primer nivel.
Para Israel y su equipo ciclista, el episodio confirma hasta qué punto la presión política y el antisemitismo disfrazado de activismo continúan infiltrándose en espacios que deberían estar dedicados al deporte y la convivencia.