En un tono desafiante, advirtió que si España desea romper la cooperación en materia de defensa, será Madrid quien sufra las consecuencias: “Israel no necesita de España para defenderse. Por el contrario, es España quien probablemente necesite más de nuestras capacidades que al revés”.
La controversia se agudizó por la coincidencia temporal: mientras Sánchez anunciaba las sanciones, terroristas palestinos perpetraban un ataque armado en Jerusalén que costó la vida a seis civiles israelíes, entre ellos Yaakov Pinto, un joven inmigrante de origen español.
Sa’ar subrayó la paradoja: “Al mismo tiempo que Sánchez atacaba a Israel, los terroristas palestinos asesinaban a un ciudadano español-israelí. Sánchez y sus ministros torcidos ya han elegido hace tiempo ponerse del lado de Hamás”.
Con esta decisión, España se convierte en el país europeo más hostil hacia Israel, aislándose incluso dentro de la Unión Europea. La política de Sánchez no solo desconoce la legítima necesidad de Israel de defender a sus ciudadanos frente a Hamás, sino que además recompensa indirectamente al terrorismo, al tiempo que ignora la masacre del 7 de octubre y la continua amenaza a millones de israelíes.
Israel, por su parte, ha dejado claro que no permitirá que la retórica ideológica de un gobierno extranjero manche su derecho a la autodefensa. La disputa diplomática con Madrid, lejos de amedrentar a Jerusalén, reafirma la convicción de que frente al terrorismo, las concesiones y las sanciones externas solo fortalecen a quienes buscan destruir al Estado judío.