La documentación también detalla la red de protección que permitió a Mengele evadir la justicia durante décadas.
En 1959, tras una solicitud alemana de extradición, el criminal ya había escapado a Paraguay, donde obtuvo ciudadanía con apoyo del régimen de Alfredo Stroessner, cuyo vínculo con la familia Mengele se remonta a sus orígenes en Baviera.
Tras el secuestro de Adolf Eichmann por el Mossad en 1960, Mengele huyó nuevamente, esta vez a Brasil. Allí vivió bajo otro alias, apoyado por colonos alemanes simpatizantes del nazismo, hasta su muerte en 1979. Su identidad solo fue confirmada oficialmente en 1985, cuando las autoridades brasileñas exhumaron su cuerpo.
Con la decisión de abrir estos archivos, Milei no solo expone un capítulo oscuro de la historia argentina, sino que pretende marcar un compromiso institucional con la transparencia y la memoria histórica.
La medida desmonta décadas de silencios y contribuye a esclarecer el rol que distintos gobiernos jugaron en el encubrimiento de criminales nazis.
Para el presidente, que ha hecho de la reivindicación de los valores democráticos y del apoyo explícito a Israel una parte central de su política exterior, la iniciativa también reafirma una posición clara: Argentina ya no será cómplice ni guardiana involuntaria de quienes perpetraron algunos de los peores crímenes contra la humanidad.