En medio de una escalada sostenida en la frontera norte, las Fuerzas de Defensa de Israel intensificaron esta semana sus operaciones contra Hezbolá en el sur del Líbano, combinando ataques selectivos con advertencias directas a la población civil.
El jueves por la tarde, el ejército israelí emitió una orden urgente de evacuación para los residentes ubicados al sur del río Zahrani, en un intento por reducir riesgos para civiles mientras se amplía la ofensiva contra la infraestructura del grupo respaldado por Irán.
Según el parte militar, más de veinte combatientes de Hezbolá fueron abatidos en las últimas 24 horas, junto con la destrucción de decenas de posiciones operativas.
En uno de los episodios más recientes, tropas de la Brigada Golani identificaron a un grupo que se preparaba para lanzar misiles antitanque. La respuesta fue inmediata: cinco militantes murieron en el intercambio inicial, y otros tres en un ataque aéreo posterior.
Las fuerzas israelíes también incautaron armamento significativo, incluyendo lanzacohetes RPG, misiles antitanque y municiones, lo que subraya la persistente militarización de zonas civiles por parte de Hezbolá.
Para Israel, este punto es central: el grupo no solo opera en proximidad a poblaciones, sino que integra deliberadamente su capacidad ofensiva en entornos civiles.
En paralelo, el ejército anunció la eliminación de Hassan Ali Marwan, comandante de la denominada División Imam Hussein, en Beirut. Marwan había asumido el cargo tras la muerte de su predecesor en una operación similar días antes, y era responsable de coordinar lanzamientos de misiles, drones y cohetes contra territorio israelí.
“El IDF continuará actuando con determinación”, señaló el comunicado oficial, enmarcando las operaciones como una respuesta necesaria ante una organización que, bajo el patrocinio iraní, ha optado por expandir el conflicto. Para Israel, la ecuación es clara: neutralizar amenazas antes de que alcancen a su población civil.