Fotografías más amplias muestran a la madre y al hermano mayor de Mohammed en buen estado de salud, lo que desmiente la narrativa de que toda la familia sufre inanición.
El caso de Mohammed ilustra cómo Hamas y medios afines manipulan tragedias personales para fabricar una imagen distorsionada de la realidad.
Incluso se ha afirmado que el padre del niño murió buscando comida, cuando en realidad falleció el 28 de octubre de 2024, en Jabalia, en medio de enfrentamientos entre Hamas y las FDI. No está claro si era civil o combatiente, pero su muerte no tuvo relación con una búsqueda desesperada de alimentos, como insinuaron algunas crónicas.
Collier denuncia que muchos medios occidentales publican historias emocionalmente impactantes sin verificar a fondo los datos, omitiendo hechos fundamentales. Incluso la BBC entrevistó a la madre de Mohammed sin mencionar su condición médica, induciendo al público a creer que la desnutrición era producto exclusivo de una supuesta hambruna.
La difícil situación humanitaria en Gaza es innegable, pero resulta irresponsable culpar a Israel cuando Hamas ha convertido a su propia población en escudos humanos, desviando recursos y obstaculizando la distribución de ayuda internacional.
Como señala Collier, las agencias de la ONU y ciertas ONG han caído en la trampa de reforzar la propaganda de Hamas, en lugar de centrarse en una ayuda efectiva y transparente.
La historia de Mohammed no debería ser instrumentalizada para atacar a Israel, sino servir como recordatorio de cómo la desinformación, sumada al cinismo de organizaciones terroristas, termina por dañar a las verdaderas víctimas: los civiles gazatíes.