El escenario de la Royal Opera House de Londres fue testigo no solo de la intensidad dramática de Il Trovatore de Verdi, sino también de un acto político deliberado que manchó el arte con una agenda parcial.
Al final de la función, uno de los bailarines alzó una bandera palestina, provocando aplausos entusiastas del público y la inmediata incomodidad de las autoridades de la institución.












