La realidad alcanzó al discurso de Andrés Manuel López Obrador. La refinería Deer Park, adquirida por el gobierno mexicano, registró en 2024 sus primeros números rojos desde que pasó a manos de Petróleos Mexicanos (Pemex). Según datos oficiales, la planta reportó pérdidas por 118 millones de dólares, un golpe directo a las finanzas públicas y a la narrativa de Morena sobre autosuficiencia energética.
Lejos de ser un activo estratégico, Deer Park se ha convertido en un pesado lastre financiero que se suma a la crisis estructural de Pemex, la petrolera más endeudada del mundo. La supuesta “joya de la corona” resultó ser un barril sin fondo que devora recursos del erario, comprometiendo el equilibrio fiscal del país.

De promesa a pesadilla financiera
Cuando López Obrador anunció con entusiasmo la compra total de Deer Park a Shell en 2021, aseguró que México no volvería a importar gasolina. Hoy, el panorama es completamente distinto. La refinería no solo no ha producido combustible barato para el país, sino que sus operaciones han generado pérdidas que desmienten cualquier beneficio tangible.
Pemex informó que las pérdidas en Deer Park se deben a menores ingresos por venta de combustibles y un entorno económico desfavorable. Sin embargo, especialistas del sector energético advierten que el problema de fondo es la mala administración, la falta de inversión estratégica y la obsesión de Morena por controlar el sector energético.










