La presidente Claudia Sheinbaum pide “transparencia”. Pero permite que su bancada use recursos públicos para manipular una elección que debería ser ciudadana.
Hablan de democracia, pero actúan con línea y control partidista.
Poder Judicial a modo
Morena busca obtener 20 millones de votos. No para democratizar, sino para legitimar el sometimiento del Poder Judicial al proyecto oficialista. Se impone así una estructura judicial subordinada al Ejecutivo, bajo una narrativa de “justicia popular” que esconde la imposición de operadores políticos.
La justicia no se elige con acordeones ni con propaganda partidista. Lo que Morena promueve no es participación ciudadana, sino un golpe blando contra la división de poderes.
El régimen ha disfrazado una operación política de ejercicio democrático. Lo que está en juego no es solo una votación, sino el futuro de la justicia en México. Ceder el Poder Judicial a intereses partidistas es renunciar al equilibrio constitucional que protege a los ciudadanos del abuso del poder.
Si el poder concentra también la justicia, lo que sigue es la impunidad total. La elección del 1 de junio no es una fiesta democrática: es el intento de una sola fuerza por ocupar todo el poder, sin contrapesos y sin vergüenza.