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La Batalla de Tucumán: la desobediencia de Belgrano que salvó a la Revolución

La Batalla de Tucumán: la desobediencia de Belgrano que salvó a la Revolución
La Batalla de Tucumán: la desobediencia de Belgrano que salvó a la Revolución
porJuan Pablo Bustos Thames
opinion

El arriesgado plan de Belgrano y su desobediencia al Gobierno.


El 24 de Septiembre se cumple un nuevo aniversario de la Batalla de Tucumán, en que el Gral. Manuel Belgrano, desobedeciendo expresamente las órdenes que había recibido, obtuvo un triunfo contundente para las armas de la Patria. Bartolomé Mitre nos describe la marcha del Ejército Auxiliar del Perú hacia Tucumán, perseguido de cerca por la vanguardia realista: “la retirada se hacía cada vez más difícil y la persecución más enérgica. Desmoralizada una gran parte de los oficiales, poseída la tropa de vagos temores, falta de agua y de sueño y escasa de alimento, la fortaleza de alma del general patriota no se desmintió un solo instante. Velando continuamente, ocupando el puesto de más peligro, alentando á los que flaqueaban, imponiendo á los cobardes, mirando con desprecio á los que desesperaban de la salvación, y estimulando á los valientes con palabras áusticas, que producían su efecto, Belgrano era el génio tutelar de la retirada”. 

También cuenta algunas anécdotas sobre cómo procedió Belgrano ante situaciones críticas: “a dos soldados que se separaron de la columna los hizo pasar por las armas. A un oficial que, encargado de sostener á Salta hasta último momento, y que había abandonado su puesto sin ver la cara del enemigo, lo remitió preso a Buenos Aires, con causa abierta. Otro tanto hizo con el comandante del parque, bajo cuya dirección se incendiaron dos cargas de municiones, produciendo en el campamento una detonación, que hizo creer en un ataque nocturno”. Se refiere al episodio que también narrara José María Paz, al cual ya hiciéramos referencia, y que tuvo lugar en las proximidades del Fuerte de Cobos, en la provincia de Salta.

Con posterioridad, prosigue narrando Mitre que “de este modo, condensando más sus fuerzas y disponiéndolas como para recibir el combate, continuó su movimiento retrógado, atravesando el trabajoso camino de la Ciénaga, llegando el 29 á la madrugada á la costa del Río Pasaje, á cincuenta leguas del punto de partida. Allí hizo alto para dar descanso á la tropa y para reorganizar el convoy, oficiando al Gobierno que iba á hacer pie firme en Tucumán. Belgrano, mal segundado por sus avanzadas, ignoraba que la fuerza que lo perseguía era solamente la vanguardia realista mandada por los coroneles Llano y Huici, que se habían adelantado á algunas jornadas de su cuerpo de reserva, y cuya fuerza era numéricamente inferior á la suya, y obraba en el concepto de que Tristán la apoyaba de cerca con todo su ejército”.

Antiguo Mapa de la región del Río de la Plata (o Paraquaria) con la Tucumania, al centro. Se aprecian las localidades de S. M. de Tucumán (Tucumania), Santiago, Salta, Catamarca, Esteco y Tapia, entre otras.
Antiguo Mapa de la región del Río de la Plata (o Paraquaria) con la Tucumania, al centro. Se aprecian las localidades de S. M. de Tucumán (Tucumania), Santiago, Salta, Catamarca, Esteco y Tapia, entre otras.

Después del Combate de Las Piedras, asegura don Bartolomé que “el enemigo se hizo más cauto, el espíritu abatido de los patriotas se exaltó, los planes de Belgrano empezaron á metodizarse en su cabeza, afirmándose más en su idea de hacer pie firme en Tucumán, á pesar de las instrucciones que le ordenaban retirarse hasta Santiago del Estero ó Córdoba. Esta gran resolución agitaba su alma, y no se decidió definitivamente á desobedecer, sino después de largos combates. Veía que no podía hacer frente al ejército español, pero comprendía que una retirada más allá del Tucumán era imposible, hostigado de cerca por el enemigo”.

La angustiosa encrucijada del General

La angustia de Belgrano debió haber sido extrema, ante esa lucha que sentía en su fuero íntimo. “Agobiado por la inmensa responsabilidad que pesaba sobre él, deseaba obedecer, pero no se le ocultaba que la obediencia importaba la pérdida de las Provincias del Norte, y que no podía contar con sus tropas fuera del territorio que pisaba”. En este durísimo trance, el general se dirigió al Triunvirato, en estos términos: “V.E. debe persuadirse que cuanto más nos alejemos, más difícil ha de ser recuperar lo perdido, y también más trabajoso contener la tropa para sostener la retirada con honor, y no esponernos á una total dispersión, y pérdida de esto que se llama ejército; pues debe saber cuánto cuesta y debe costar hacer una retirada con gente bisoña en la mayor parte, hostilizada por el enemigo con dos días de diferencia”.

Mientras tanto, el general intentaba, como podía, disimular su angustia ante sus subordinados, “mostrando a todos un semblante sereno y ocultándoles la lucha interior que lo agitaba”. Fue entonces que decidió abandonar “el camino central de las postas, tomando el llamado de las Carretas, que acercándose más a la margen derecha del Pasaje, se dirige hacia las provincias de Santiago y Córdoba, pasando por Burruyaco, al oeste de Tucumán”. 

Las razones de tomar el Camino de las Carretas

¿Qué pretendía Belgrano con este sorpresivo cambio de ruta?. Nos explica Mitre: “De este modo burlaba la persecución del enemigo, se ponía en actitud de obedecer la órden de retirada que tenía, pudiendo dirigirse libremente á Tucumán, caso que definitivamente se resolviese á sostenerse en este punto”.

Entre tanto, ¿qué hacía el enemigo?. “La vanguardia realista hizo alto entre Yatasto y Metán, á poco más de veinte leguas de Tucumán (en realidad son como ciento setenta kilómetros), esperando refuerzos; habiendo en el intérvalo ocupado la ciudad de Salta, por otras fuerzas, que habían sido recibidas con repiques de campanas, alistándose espontáneamente en defensa del Rey todos los españoles europeos, y hasta los frailes que en ella habían quedado”.

El arriesgado plan de Belgrano

Mientras la avanzada realista, al mando ahora del coronel Llano, ya que Huici acababa de caer prisionero de los patriotas, aguardaba a que la alcanzara el grueso del ejército, comandado por Tristán; Belgrano decidía jugar su última carta, donde tenía puestas todas sus esperanzas para detener su retirada.

Cuenta Mitre que “ocupándose Belgrano de la idea de fortificarse en Tucumán, quiso tentar el último esfuerzo antes de decidirse á emprender la retirada. En consecuencia, desde la altura de la Encrucijada (donde el camino de las Postas confluía con el de las Carretas) despachó á aquella ciudad, de acuerdo con Díaz-Vélez al Teniente Coronel D. Juan Ramón Balcarce, con el objeto de despertar el entusiasmo de los tucumanos, y ver si era posible organizar nuevos cuerpos de caballería para aumentar su ejército, y en tal caso contramarchar rápidamente y volver sobre el enemigo, caso que no hubiera éste reconcentrado aún sus fuerzas”. 

Se trataba de un plan demasiado arriesgado y atrevido; que demuestra la falta de formación militar del Gral. Belgrano. El general patriota ignoraba la cercanía de Tristán, con el grueso de sus tropas, con respecto a su vanguardia; y hasta llegó a creer que ambas (vanguardia y reserva) estaban muy próximas, la una de la otra. En consecuencia, no había tiempo posible para que Balcarce bajara a Tucumán, parlamentara con la dirigencia local, reclutara voluntarios, y volara con ellos cuanto antes, a reunirlos con Belgrano, para juntos así, poder dar cuenta de la vanguardia real. Todo suena muy arrebatado; ante la inminente cercanía de todo el ejército enemigo, que con un pronto y eficaz contra-ataque, podría haber descalabrado las menguadas tropas de Belgrano. Se corría el riesgo de perderlo todo en una descabellada aventura.

Mitre nos transmite, además, qué le dijo Belgrano a Balcarce, al despacharlo hacia Tucumán: “En el trance apurado en el que nos hallamos, y en que con sobrados fundamentos sabemos que el enemigo intenta atacarnos, es necesario que podamos oponerle una fuerza respetable, para contener sus pasos con nuestras maniobras, y acaso para arruinarlo”.

Paralelamente, el 7 de Setiembre, y preparando el terreno para lo que ya casi tenía definido, Belgrano se dirigirá de nuevo al Gobierno, y le expondrá su insólito plan de atacar, con todo su ejército, a la vanguardia enemiga, a fin de ganar tiempo para una retirada más ordenada, y sacarse de encima a un adversario molesto, que le venía pisando los talones: “Es muy doloroso tener que ir retrogradando, y no ver el término de esta campaña, cuando las tropas han tomado un fuego y una energía estraordinaria con la acción del 3 (se refiere al exitoso Combate de Las Piedras), que de necesidad debe resfriarse con la retirada, no estando á su alcance la razón de ella, y así es que se me han empezado á desertar desde que emprendí mi marcha. Yo quisiera hacer prodigios por la patria y el honor de sus armas pero no veo camino si el enemigo no me da tiempo. Entre la mucha gente que tengo, apenas contaré 600 á 700 hombres útiles, y en cuanto á armas me hallo con muchas descompuestas. Sin embargo de todo, veré si puedo estimular á los tucumanos para aumentar el número de caballería con lanzas, y si logro poder montar á todos los hombres de armas para poder contramarchar con rapidez y conseguir alguna victoria sobre las divisiones del enemigo, cargándolo con el todo de mis fuerzas, lo que acaso nos sacaría de apuros y libertaría de retirarnos tanto”.

La gestión de Balcarce

Entre tanto, ¿cómo le había ido a Balcarce en sus gestiones en Tucumán?. Mitre nos dice que “los tucumanos correspondieron á las esperanzas del General. En presencia del peligro, se despertó súbitamente su entusiasmo, poderosamente estimulado por el influjo de la familia Aráoz, una de las más respetables y reconocidas de aquel distrito. Todas ofrecieron a Balcarce sacrificarse con tal de que no se abandonase su territorio, y en este sentido fueron diputados varios vecinos cerca del General Belgrano. Éste, aún antes de ver convertidas esas promesas en realidades, se resolvió definitivamente á dirigirse a Tucumán, con el ánimo de esperar allí al enemigo”.

Lo que tenía que hacer ahora Belgrano era explicarle al Gobierno su resolución de quedarse en Tucumán, y jugarse el todo por el todo, su destino, junto a los tucumanos. El 12 de Setiembre, a orillas del Río Salí, antes de ingresar a la ciudad, mandó esta comunicación: “Son muy apuradas las circunstancias, y no hallo otro medio que esponerme á una nueva acción: los enemigos vienen siguiéndonos. El trabajo es muy grande; si me retiro y me cargan, todo se pierde, y con ella nuestro total crédito. La gente de esta jurisdicción se ha decidido á sacrificarse con nosotros, si se trata de defenderla, y de no, no nos seguirán y lo abandonarán todo: pienso aprovecharme de su espíritu público y energía para contener al enemigo, si me es dable, o para ganar tiempo á fin de que se salve cuanto pertenece al Estado. Cualquiera de los dos objetos que consiga es un triunfo, y no hay otro arbitrio que esperarse. Acaso la suerte de la guerra nos sea favorable, animados como están los soldados y deseosos de distinguirse en una nueva acción. Es de necesidad aprovechar tan nobles sentimientos, que son obra del cielo, que tal vez empieza á protegernos para humillar la soberbia con que vienen los enemigos, con la esperanza de hacer tremolar sus banderas en esa capital. Nada dejaré por hacer; nuestra situación es terrible, y veo que la patria exige de nosotros el último sacrificio para contener los desastres que la amenazan”.

Belgrano sabía que para cuando el Gobierno recibiera esta carta, su suerte estaría echada. Si el Altísimo lo acompañaba y tenía éxito; nadie le reprocharía su providencial desobediencia. En cambio, si caía derrotado… ¿Qué importaba, ya, si todo estaría perdido, y él, tal vez, habría caído en la batalla, o terminaría prisionero, o ejecutado por los enemigos?.


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