La monumental obra de Pompeyo incluía el primer teatro permanente de piedra que tuvo Roma, construido alrededor del año 55 AC, en mármol; por lo cual también era conocido como el “Teatro de Mármol”. Era un típico teatro romano, compuesto por un enorme hemiciclo de ciento cincuenta metros de diámetro, aproximadamente. Enfrente, tenía un escenario de noventa y cinco metros, con una construcción rectangular, que le hacía de cierre, por detrás (“Frons Scaenae”), y en donde se preparaban los actores para ingresar a escena y se armaban las escenografías que se requerían para cada obra.
A diferencia de los teatros griegos, donde se aprovechaban los accidentes naturales, en las laderas de las montañas, para construirlos, los romanos edificaban sus teatros semicirculares en cualquier ciudad, aún en las llanuras, levantando corredores con bóvedas interiores; que permitían al público ingresar desde el nivel de la calle. Desde allí se montaba un complejo de escaleras que conducían hacia las localidades emplazadas en distintas alturas, en el interior de la sala. Esto permitía colmar o evacuar fácil y rápidamente el edificio. Otra diferencia con los teatros griegos era el cerramiento detrás del escenario (“Frons Scaenae”), que en los establecimientos romanos era monumental, se elevaba a la altura del hemiciclo, como diez metros; se encontraba ricamente decorado con: columnas, linteles, cortinas, paredes, puertas y esculturas. Esto daba a los teatros una acústica espectacular. Los teatros helenos, en cambio, no tenían nada detrás del escenario; siendo mucho más austeros.

La fachada de la cávea (semicírculo donde estaban las localidades de los asistentes al teatro) constaba de tres series de arcadas, adornadas con columnas; la arcada inferior era de orden dórico, la segunda jónica y la tercera corintia. En la arcada inferior se han encontrado vestigios de veinticuatro arcos de peperino, frente a los cuales se erigían columnas de granito rojo.
Atrás de la cávea, que tenía capacidad para más de diez mil personas sentadas, Pompeyo erigió un templo, en la parte superior de una bella estructura cuadrada, sostenida con columnas y un lintel de tipo griego, dedicado a la diosa Venus, llamado “Venus Victrix”; en el extremo Oeste del complejo pompeyano.
El objeto de esta edificación era impedir que los senadores objetaran esa monumental obra, atribuyéndola exclusivamente a la vanidad del líder. Al edificar un templo, Pompeyo habilitó todo el complejo como una construcción religiosa; acallando los pruritos republicanos. A este templo se podía acceder por medio de los escalones ubicados en las filas de los asientos, adentro del teatro. Sus restos yacen hoy debajo del Palazzo Pío.
Detrás del teatro, Pompeyo había construido un hermoso jardín, con un impresionante peristilo (galería de columnas), que lo encerraban en un enorme rectángulo, de aproximadamente cien metros de ancho, por doscientos de largo.





















