“Era en ese tiempo que Artigas, el célebre Artigas – explica Paz – hacía una guerra a muerte al Gobierno General, que si tenía vicios y defectos, representaba los principios civilizadores, mientras que aquél se apoyaba en el vandalaje y la barbarie”. Como recordaremos, Artigas era el primer caudillo que tuvieron las Provincias Unidas, y de él aprendieron todos los demás, que vinieron después. Paz lo llamaba despectivamente, el “protocaudillo”, a modo de “inventor” de todos los otros, encarnando el atraso, el salvajismo y la falta de apego a cualquier norma, principio, constitución o control, por parte de una legislatura o congreso.
Artigas había formado un propio ejército de montoneras desordenadas (táctica que después copiaron Güemes, Ramírez, López, Bustos, Quiroga, Aldao, Ibarra y hasta el mismísimo Rosas), y basado en esa fuerza, había constituído, prácticamente, otro Estado dentro de las Provincias Unidas, al cual denominó: “Liga de los Pueblos Libres”, abarcando con su influencia a: la Banda Oriental (hoy: Uruguay, su tierra natal), Entre Ríos, Corrientes, Misiones y Santa Fe. Todas estas provincias, por órdenes expresas de dicho caudillo, no enviaron representantes al Congreso de Tucumán, y desconocieron todo lo allí resuelto. Así, nuestra Independencia fue declarada sin que participaran (lamentablemente) representantes del litoral.
Pero Artigas no se contentó sólo con desconocer lo resuelto por el Congreso de Tucumán (inclusive la Declaración de la Independencia). Como bien lo expuso el Gral. Paz, el caudillo oriental llevó adelante una guerra “a muerte” contra las Provincias Unidas, saboteando sus comunicaciones, invadiendo, cuando pudo, su territorio, haciéndole la guerra a sus ejércitos, interceptando el envío de refuerzos, dinero, provisiones o armamento. Inútiles fueron los distintos intentos de conciliar con él o de llevarlo a la reflexión.
















