Una puerta abierta puede ser una expresión de generosidad, pero sólo cuando quien la abre es también dueño de la casa. Si un tercero decide abrirla, invita desconocidos y obliga al propietario a asumir las consecuencias, ya no estamos hablando de hospitalidad. La diferencia entre libertad e imposición no está en que la puerta permanezca abierta o cerrada, sino en quién tiene derecho a decidirlo.
El Gobierno de Javier Milei avanzó en junio con el Programa de Seguridad Migratoria y creó unidades especializadas dentro de Gendarmería, Policía Federal, Prefectura y Policía de Seguridad Aeroportuaria. La Resolución 551/2026 busca reforzar controles, coordinar las fuerzas con Migraciones y prevenir delitos vinculados con movimientos migratorios irregulares. No creó una nueva fuerza independiente, sino funciones específicas dentro de las existentes.
La medida reabre una vieja discusión que suele plantearse equivocadamente como una elección entre xenofobia y fronteras abiertas. El verdadero problema no es cuánto debe circular una persona, sino quién tiene derecho a decidir sobre el acceso a un espacio y quién debe soportar las consecuencias de esa decisión.











