El riesgo país subió por el contexto internacional, con tasas altas en Estados Unidos y tensión geopolítica, y también porque el mercado empieza a ponerle precio a 2027. Sobre esto último vuelvo más abajo. Lo que importa es qué hizo el dólar mientras tanto: en lo que va de septiembre subió 1,1%, menos que la inflación, y el techo de la banda sigue casi 25% más arriba. Hace un año, un ruido parecido terminó en corrida y en el salvataje del Tesoro norteamericano. Hoy hay colchón propio, y eso es mérito de Santiago Bausili y Luis Caputo.
Mucho se viene hablando de la mora crediticia. Es un indicador incómodo y merece un análisis más fino que un titular. Detrás de ese número hay familias que se endeudaron contando con que el ingreso iba a recuperarse más rápido, y eso hay que reconocerlo. Pero el nivel tiene una explicación que casi nadie cuenta. Cuando el crédito se expande rápido, la mora casi siempre sube. Es lógico: los bancos salen a buscar nuevos clientes y toman más riesgo. Los clientes sin riesgo ya estaban adentro. Ahora hay que ir por los que tienen riesgo, y riesgo es mora. El kirchnerismo y la destrucción sistemática del sistema financiero nos hicieron olvidar que los bancos tienen que trabajar de bancos. Y trabajar de bancos implica tomar riesgos en sus carteras y, a veces, asumir malos préstamos. Tampoco hay que perder la dimensión: el 12,9% de julio es apenas 0,1 punto porcentual más que en junio, y la probabilidad de default cayó 0,5 puntos.
Con el tiempo, el sistema se limpia solo. Los saldos prestados son bajísimos y el crédito sigue siendo insignificante en términos de PBI, en niveles comparables a los de países africanos. No hay riesgo sistémico. Las familias tienen deudas muy bajas, así que no hay un desapalancamiento capaz de arrastrar la economía a una recesión. Comparar esto con las subprime de 2008 es no entender cómo funciona el sistema argentino: acá la securitización de carteras es marginal y no hay un mercado secundario que propague el problema. Es un problema entre bancos y deudores, no una bomba financiera.
El Gobierno tiene que contar su historia
Con los datos en contexto y el ruido limpio, la historia sigue siendo favorable al Gobierno. El problema es que el contexto no se explica solo. El día del EMAE, Caputo dio una explicación técnicamente correcta en un posteo, y los titulares dijeron que había culpado al Mundial. Cuando la explicación llega después del dato, suena a excusa aunque sea verdad. Instalada antes, con series y con tiempo, habría sonado a diagnóstico. Y cada intervención pública tiene un costo: una frase descontextualizada o una cifra alcanzan para alimentar una operación.
Del otro lado, la oposición está haciendo el trabajo de mostrar que la alternativa a Milei es la vuelta al oscurantismo económico. Kicillof lanzó su candidatura en Avellaneda y a los pocos días estaba en Nueva York explicándoles a fondos de inversión que el peso está sobrevaluado, criticando el RIGI y diciendo que el país desperdicia su momento. No presentó una sola medida. Boudou pidió terminar con el superávit fiscal y volver a subsidiar tarifas. En Diputados circula un proyecto de impuesto a las transferencias de capital al exterior. La senadora Di Tullio dijo en un streaming amigo que no tenía registro de las SIRA, del yate de Insaurralde ni de otros casos de corrupción que fueron tapa de todos los diarios. Como frutilla del postre, Gabriel Rubinstein, exviceministro de Economía de Massa, propuso esta semana llevar el dólar a la zona de $3.000 o $3.500. Él mismo calculó el costo: varios meses con inflación de entre 5% y 8% mensual. Devaluar, subsidiar, cobrar más impuestos y proteger a los sectores de siempre: es una fotocopia del país que este Gobierno recibió, y del que la mayoría de los argentinos decidió irse cuando le dijo "nunca más" al experimento kirchnerista. Eso es lo que el mercado empieza a descontar en el riesgo país: no esta gestión, sino la posibilidad de que esa agenda vuelva en 2027.
Ese contraste es el mejor activo del oficialismo, pero nadie lo va a mostrar por el Gobierno. El Presidente no puede ser el único librando la guerra por las ideas. Después de Sipe Sipe, el Ejército del Norte se replegó y el frente lo sostuvo Güemes con sus gauchos, escaramuza tras escaramuza, mientras en Tucumán se declaraba la independencia. Milei marcó el norte. Lo que le falta al Gobierno son sus Güemes: coroneles, capitanes y tenientes que salgan a dar cada batalla del relato, todos los meses, con el dato en la mano y antes que la oposición. Cada número que el Gobierno deja sin explicar, otros lo van a explicar por él, y no de buena fe.