En un nuevo episodio de kirchnerismo resentido, la conductora Julia Mengolini volvió a dejar en evidencia en el kirchnerismo ni siquiera el fútbol escapa a su mezquindad. En su programa de Futurock, Mengolini confesó sin filtro: “A mí me cuesta sentir algo por este mundial, me pasó de politizada. Se me nubla el recuerdo y la felicidad del último mundial. Siento una mezcla de felicidad y tristeza… Después el país se puso demasiado oscuro”. ¿Y el culpable de su “dolor”? Lionel Messi, por haberle sonreído a Donald Trump.
No solo destila odio y resentimiento hacia el mejor jugador de la historia y capitán de la Selección Argentina. Demuestra algo mucho más profundo: la incapacidad de separar el deporte de la política cuando esta última no les conviene. Para ella y su entorno, la gloria de Qatar 2022 quedó manchada porque los campeones no quisieron ir a la Casa Rosada a estar con Alberto Fernández.
Este odio del kirchnerismo hacia la Selección Campeona del Mundo no es nuevo. Se trata de una animadversión sistemática hacia todo lo que representa unión nacional, orgullo argentino y éxito fuera de sus relatos victimistas. La Scaloneta, Messi y el equipo que devolvió la alegría a millones de argentinos se convirtieron en un problema para ellos porque escaparon completamente a su control ideológico. No pudieron apropiárselos, entonces prefieren ensuciarlos.








