Durante dos décadas, el kirchnerismo convirtió a la Nación en un chiste internacional: default, expropiaciones ilegales, corrupción obscena y una diplomacia tercermundista que nos alineó con dictaduras, narcoestados y regímenes autoritarios. Hoy, bajo el liderazgo de Javier Milei, esa pesadilla empieza a quedar atrás. La Argentina vuelve a hablar el idioma del progreso, la eficiencia y la libertad.
El ejemplo más claro es el caso YPF. Lo que el kirchnerismo dejó como un campo minado de litigios y corrupción, Milei lo transformó en una defensa técnica, seria y exitosa. La Procuración del Tesoro logró lo impensado: detener la entrega del 51% de las acciones de la petrolera estatal y, por primera vez en mucho tiempo, conseguir que Estados Unidos —sí, Estados Unidos— acompañe a la Argentina en su apelación. No una, sino tres veces. A ese respaldo se sumaron Israel, Italia, Ecuador, Uruguay, Chile, Rumania, Ucrania y hasta Francia. El mundo libre le tiende la mano a la Argentina porque percibe algo que hacía años no veía: seriedad, institucionalidad y respeto por las reglas.
¿Y quiénes nos metieron en este pantano judicial? Los mismos de siempre: los ladrones de guante blanco que expropiaron YPF sin pagar un peso, sin control del Congreso y con la soberbia de quien confunde patria con botín. Aquellos que hoy se llenan la boca hablando de “soberanía energética” fueron los que hipotecaron el futuro de generaciones enteras para llenar sus bolsillos y los de sus cómplices.
Mientras tanto, el gobierno libertario avanza con hechos concretos, no con discursos vacíos. $30.000 millones para el Hospital Garrahan, producto de una administración eficiente y austera. Gracias a ese ahorro —el que antes se perdía en bolsos, sobreprecios y viajes a Cuba— se reabrirán quirófanos, se comprarán equipos de alta complejidad y se modernizará la atención de miles de niños. Este es el verdadero Estado presente: el que invierte donde hace falta y no donde se roba.








