En un intento desesperado por revivir un modelo económico que nos hundió en la miseria, figuras como Axel Kicillof aprovechan victorias legislativas provinciales desdobladas para imponer medidas retrógradas. Ganar una elección local no les da licencia para saquear a los argentinos con impuestazos irracionales, como elevar el gravamen sobre billeteras virtuales del 0,1% al 5%. Esto no solo vulnera el principio de legalidad al afectar saldos preexistentes, sino que golpea directamente a millones de trabajadores que dependen de estas herramientas digitales para su día a día. Es un incentivo perverso a la informalidad, un freno al progreso tecnológico y una traición al mandato popular que rechazó el intervencionismo estatal. Medidas como esta, dignas de un régimen soviético, benefician a las corporaciones bancarias tradicionales a expensas de la innovación, contaminando toda la actividad económica. No es un impuesto a las billeteras: es un asalto a la gente común, un recordatorio de que el kirchnerismo no ha aprendido nada de su legado de hiperinflación, reservas exhaustas y 57% de pobreza.
Mientras la oposición se aferra a políticas fallidas, el gobierno de Javier Milei demuestra con hechos que el camino hacia la prosperidad es la libertad económica. En julio, la industria minera creció un 8,2% interanual, con la extracción de petróleo crudo subiendo un 19,4% y la de gas natural un 6,9%, alcanzando niveles récord. En los primeros ocho meses del año, la producción de carne porcina alcanzó 526.463 toneladas, con 5,52 millones de cabezas faenadas y un consumo per cápita de 18 kilos, todas cifras históricas. Estas no son casualidades: son el fruto de un proceso de desregulación inédito, donde se modificaron o eliminaron 1.246 normas y casi 9.000 artículos, el más ambicioso de la historia argentina. En paralelo, la inflación interanual se desplomó de 209% a 33% en solo doce meses, restando 176 puntos porcentuales. En agosto, la canasta básica de alimentos subió apenas un 1%, y el rubro indumentaria y calzado registró deflación del -0,3%, claves para entender la caída de la pobreza y de la indigencia.








