¿Y si el milagro argentino ya empezó y los únicos que no lo ven son los que viven del fracaso?
Mientras la oposición se desangra entre internas, la Argentina real -la que trabaja, produce e invierte- avanza sin mirar atrás. Las comisiones del Congreso están vacías. No hay gritos, no hay circo. Se acabaron los monólogos de la decadencia. Los que durante décadas impidieron la gobernabilidad con lágrimas, escándalos y consignas, hoy no pueden ni reunir quórum.
Porque el pueblo ya eligió. Y eligió por las ideas de la libertad. En las urnas, La Libertad Avanza obtuvo un 41% contra el 24% de Fuerza Patria. Diecisiete puntos de diferencia. Más de 9,3 millones de votos en un país donde la participación bajó. No hay relato posible que tape el hecho de que la mayoría decidió dejar atrás el pasado kirchnerista.
Los resultados se sienten. La inflación de octubre fue del 2%, los alimentos apenas 1,4%, y la interanual cayó por debajo del 30%. Los números matan la narrativa del miedo. Dieron por muerto a un Gobierno que logró lo que parecía imposible: domar la inflación, bajar la pobreza, reducir la deuda, eliminar el cepo y devolver el crédito. Se equivocaron de nuevo.
El mercado también habló después de las elecciones. Las acciones argentinas en Nueva York ganaron 20.000 millones de dólares, el riesgo kuka se desplomó y las tasas hipotecarias comenzaron a caer. Vuelven los créditos, y con ellos, el sueño de la casa propia vuelve a ser posible. La confianza reemplazó al miedo.
Y mientras la macroeconomía se estabiliza, el Estado también empieza a dar el ejemplo. La motosierra sigue su curso. AySA redujo el 85% de su deuda y proyecta superávit total para 2026. Aerolíneas Argentinas, usada durante años como taxi aéreo de La Cámpora, logró por primera vez en su historia dar superávit. Eficiencia, transparencia y resultados: tres palabras que el kirchnerismo ni siquiera sabe conjugar.








