Parece que a Daniel Passerini no le quedó otra que mirar las cuentas y aceptar lo que siempre negó: Córdoba no soporta más el exorbitante gasto político municipal. El intendente, de regreso tras su licencia médica, prepara un fuerte recorte en la estructura del municipio. No por convicción, sino porque el mensaje de las urnas y la realidad económica lo empujaron al ajuste que tanto evitó.
La idea de reducir subsecretarías, direcciones y subdirecciones suena ha sido largamente esperado por los vecinos que piden responsabilidad fiscal y menos política. Pero detrás del discurso de austeridad hay una verdad que lo incomoda: Passerini ajusta por obligación, no por decisión ideológica. A su gobierno lo asfixian las deudas heredadas y un aparato estatal que se encargó personalmente de agrandar más de la cuenta.
Incluso antes de volver al Palacio 6 de Julio, ya había movimientos financieros para tapar baches inmediatos. La colocación de títulos por hasta 70 mil millones de pesos busca refinanciar compromisos urgentes, mientras se suspenden alquileres y se reacomodan oficinas. Más que un relanzamiento de gestión, parece un salvavidas político.












