La política cordobesa parece empeñada en repetir viejos trucos con maquillaje nuevo, y Natalia de la Sota intenta mostrarse como lo que no es. La diputada asegura que su bandera es la previsibilidad frente a Milei, pero el oficialismo provincial ya trabaja para instalarle un traje kirchnerista a medida. Entre acusaciones cruzadas y encuestas que todos leen a su conveniencia, el juego está armado.
En el Panal descuentan que la fuga de votos de la exsociedad peronista será mínima, convencidos de que su campaña nacionalizada les dará rédito electoral. En Defendamos Córdoba aseguran que Natalia crece sin freno en las encuestas y que su proyección no tiene techo, como si fuera una startup política. La guerra de relatos anacrónicos promete más espuma que contenido real.











