"A pesar de que las estadísticas oficiales indican que bajó el índice de inseguridad, en esta zona los robos no cesan. Generalmente ocurren durante la siesta y después de las seis de la tarde. Los dos únicos patrulleros que tiene el municipio nunca pasan. No hay atención policial. Hace poco, en la calle 41, le robaron una bicicleta amarilla a una mujer mayor", relató Anahí, otra de las víctimas de la última semana.
Entre las calles 30 y 31, entraron a la casa de un carpintero y se llevaron el freezer, dinero e incluso tarros de harina. Hace pocos días, a una chica de 20 años la arrastraron por toda la esquina para quitarle el celular. Las alarmas en la calle 37 suenan constantemente, y ayer robaron en el cruce de las calles 38 y 31", agregó.
Hasta el momento, los oficiales de la comisaría 4ª, responsables de la jurisdicción, no lograron identificar ni detener a los delincuentes ni al vehículo captado por las cámaras de seguridad que los propios vecinos instalaron.
"En la comisaría 4ª cambian de comisario cada seis meses. Nadie toma medidas. Mientras tanto, seguimos reforzando nuestras casas, pero aun así es común que te asalten en la puerta cuando intentás entrar al auto", señaló un vecino que ya sufrió robos en varias ocasiones.
Los residentes coinciden en que los delitos no son fortuitos ni al azar, sino que parecen estar precedidos por una cuidadosa planificación. "El martes pasado robaron en la casa de un vecino. Allí viven diez personas durante todo el año, pero justo ese día a las 15:10 no había nadie", aseguró el vecino asaltado la semana pasada, enfurecido por el abandono de los funcionarios kirchneristas.
"Las cámaras de seguridad instaladas por los vecinos muestran con claridad los vehículos que usan los ladrones. ¿Quién da la información? ¿A quién se la entregan? ¿Quiénes ejecutan los robos? ¿Por qué no hay detenidos? ¿Está la policía involucrada?", cuestionó.