La crisis financiera local se profundiza con servicios deteriorados y pagos que dependen de asistencia externa.
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Villa Giardino atraviesa una semana de tensión económica y social luego de que el municipio demorara el pago total de los salarios de octubre, reactivando el conflicto con los trabajadores. La situación derivó en protestas y asamblea permanente de empleados municipales con cortes frente al municipio y también sobre la Ruta 38. El episodio dejó en evidencia la fragilidad financiera de la gestión al mostrar que el pago básico de sueldos ya no puede garantizarse sin contratiempos.
En medio de la escalada el Ejecutivo admitió una situación económica crítica y dijo depender de ayuda provincial para cumplir sus compromisos. A este panorama se suma la preocupación por los pagos del mes de diciembre, ya que el municipio aún no tiene asegurado el dinero para afrontar el compromiso del aguinaldo correspondiente. La posibilidad de no contar con esos fondos amenaza con profundizar el malestar laboral y reactivar medidas que podrían complicar aún más la dinámica diaria de la localidad.
El miércoles pasado, tras una audiencia en la delegación del Ministerio de Trabajo de La Falda, el gobierno local pagó el 25% salarial pendiente y logró descomprimir parcialmente la protesta. Tras ese pago los trabajadores levantaron momentáneamente la medida, aunque advirtieron que retomarán los reclamos si vuelven a registrarse nuevos atrasos salariales. El Suoem advirtió que cualquier incumplimiento volverá a derivar en manifestaciones inmediatas sin descartar cortes como los realizados en la Ruta 38.
El municipio demoró el pago total de los salarios de octubre
Servicios deteriorados y creciente malestar
Mientras tanto crecen las críticas hacia la administración del intendente Jorge Soria, ya que vecinos y trabajadores señalan un deterioro marcado de los servicios esenciales que afectan la vida cotidiana. Entre esos problemas mencionan cortes de agua potable, calles intransitables, fallas en la recolección de residuos y sectores completos sin alumbrado público. Para muchos habitantes esto consolida un clima de desgaste constante entre la comunidad y el municipio en un contexto donde la conflictividad interna se agrava semana tras semana.
A esto se le suma el impacto que puede tener esta inestabilidad en la antesala de la temporada de verano, siendo esto cada vez más evidente entre comerciantes y residentes. La situación preocupa porque la localidad depende en gran medida del movimiento turístico estival que sostiene buena parte de su economía durante el año. Con servicios resentidos y un municipio que no logra ordenar sus cuentas hay temor a que el escenario desaliente visitantes y afecte la actividad local.
Pese a los pagos parciales y a los gestos para contener el conflicto no aparece un plan claro que garantice el cumplimiento de los compromisos salariales en las próximas semanas. Los trabajadores remarcan que los atrasos se vuelven frecuentes y que la administración local no ofrece certezas sobre cómo resolverá la falta de fondos para cubrir gastos básicos. En paralelo crece la inquietud entre vecinos y comerciantes que advierten que la crisis municipal podría prolongarse si no llegan soluciones estructurales desde la Provincia o desde la propia gestión.