Científicos lograron resolver un enigma que tenía más de 320 millones de años: cómo se desarrolló el blindaje óseo en la piel de los reptiles. Un nuevo estudio masivo muestra que estos huesos cutáneos, conocidos como osteodermos, no surgieron de un solo ancestro blindado, sino que aparecieron de manera independiente en múltiples grupos de lagartos.
La investigación, que combina fósiles y herramientas computacionales modernas, reconstruyó la evolución de estos tejidos a lo largo de cientos de millones de años. Los resultados sorprenden porque indican que los reptiles han desarrollado y perdido este blindaje en varias oportunidades a lo largo de la historia.
Los osteodermos son huesos que se forman en la piel y han reaparecido una y otra vez en diferentes linajes. Ayudaron a los vertebrados a adaptarse a la vida terrestre, ofreciendo protección contra depredadores y condiciones ambientales difíciles. Sin embargo, en la mayoría de los grupos terminaron desapareciendo, solo para volver a surgir en reptiles.
Una historia contada por fósiles y especies actuales
Los investigadores analizaron 643 especies, tanto vivientes como extintas, para armar el rompecabezas. Descubrieron que la mayoría de los lagartos desarrollaron osteodermos durante el Jurásico Tardío y el Cretácico Temprano, hace más de 100 millones de años, en una época dominada por grandes dinosaurios como el Brachiosaurus y el Stegosaurus.

En ese período de cambios climáticos y ecológicos rápidos, el blindaje pudo haber sido clave para sobrevivir. Después de esos impulsos iniciales, la mayoría de los grupos mantuvieron sus osteodermos. Pero hubo una excepción notable.
Los ancestros de los varanos, conocidos en Australia como goannas, perdieron completamente estos huesos. Su estilo de vida activo y cuerpos eficientes probablemente funcionaban mejor sin el peso extra del blindaje. Sin embargo, cuando sus descendientes llegaron a Australia hace unos 20 millones de años, ocurrió algo extraordinario: los volvieron a desarrollar.
El sorprendente regreso de los goannas
Esta re-evolución se produjo durante el Mioceno, cuando el clima de Australia se volvió más seco. Los osteodermos pudieron ayudar a reducir la pérdida de agua y brindar protección en paisajes áridos y abiertos. De esta forma, los goannas se convirtieron en el único linaje conocido de lagartos que recuperó el blindaje después de haberlo perdido.
Este hallazgo desafía la ley de Dollo, que sostiene que un rasgo complejo que desaparece no puede reaparecer. El estudio proporciona una base sólida para entender el origen de los osteodermos y abre la puerta a futuras investigaciones sobre los mecanismos genéticos y de desarrollo que los controlan.
Durante el siglo XX, los científicos debatieron si los lagartos heredaron los osteodermos de un ancestro común o si evolucionaron de forma independiente. Esta nueva evidencia resuelve el debate a favor de la evolución múltiple e independiente en diferentes linajes a lo largo de cientos de millones de años.
El trabajo combina evidencia fósil con análisis computacionales avanzados, permitiendo evaluar miles de escenarios evolutivos. Los resultados se publicaron en una revista histórica, la misma donde Charles Darwin presentó sus ideas revolucionarias.
Este patrón de pérdida y recuperación encaja con otras rarezas evolutivas de Australia, como los marsupiales dominantes y mamíferos que ponen huevos. Demuestra que la evolución no sigue un camino recto, sino que se adapta constantemente a las condiciones cambiantes del planeta.
Ahora que se entiende mejor la historia de los osteodermos, los científicos podrán profundizar en cómo estos huesos se forman a nivel molecular y qué ventajas específicas brindan en diferentes ambientes. El caso de los goannas australianos se destaca como uno de los ejemplos más fascinantes de resiliencia evolutiva.